jueves, 29 de abril de 2010

MACGUFFIN

Y me viene esta palabra haciendo honor al maestro en el trigésimo aniversario de su muerte, un 29 de abril de 1980. Y es que siempre hay un macguffin, el mío, lo tengo claro y aparece en cada trama, en cada caso resuelto o por resolver. Una veces se repite el mismo; otras, es tan original que se me oculta y luego, ¡claro, ahora lo entiendo todo!, se hace visible y obvio. A veces echamos la culpa al azar, otras es el azar el culpable, pero el macguffin siempre reaparece o aparece y da sentido a todo misterio de esta vida o de la otra. Solo hay uno claro, evidente, como en esos malos guiones por los que terminas diciendo en mitad de la sala y a los 70 minutos de película: no, no me digas que van a estar muertos!!!, y escuchas un schhhhhh, en la última fila. Ese, que siempre se repite, es el macguffin que todos nos negamos a ver y que, por más que lo evitemos, llegará, llegará. Claro, que no voy a desvelarlo aquí, me lo guardo, como en los buenos guiones todo tiene que tener su trama y su resolución; o no, ¿acaso lo tienen la vida o la muerte?

miércoles, 28 de abril de 2010

COCINANDO LO QUE SEA

Para cocinar lo que sea hace falta poca cosa: un poquito de aquí y algo de allá. Otra tema es ponerse a cocinar realidades, entonces se complica lo culinario y te vuelves loco buscando el ingrediente perfecto y condimentando en su justa medida: que no quede muy hecho, tampoco simple y menos aún, pasado. Y es que se puede cocinar al horno, en sartén, en cazuela de barro o en microondas, aunque del mismo modo que se cocina se come. Y entre fogones de lo que sea o lo que es, una pasta en su punto o un pescadito a la sal no desmejoran al mejor chef si este pone cariño en lo que hace. Que la cocina española está de moda y la moda la dicta el comensal más exquisito. Cocinar es un arte al que pocos saben llegar. Difícil aprendizaje.


MANUEL SALE A JUGAR

Sale a jugar al balón, sale a jugar a la calle, sale a jugar con su hermano Domingo, pero es lunes y martes; Manuel, cada día, sale a jugar al camino de arena. Como no tiene juguetes, los inventa. Como no tiene dinero, no gasta. Como no tiene más amiga que la luna y que Marta y Alfonso, les llama desde su tejado y allí están, en sus camas, arropados, mientras sus madres les cuentan un cuento: a Marta, sobre la vida; a Alfonso, uno de piratas buenos y cocodrilos hambrientos; a la luna, sobre las estrellas, sobre los ojos de Manuel.

Manuel y Domingo no van al colegio los días de lluvia, el barro nos les deja y pasan las horas soñando y contando las gotas que caen sobre el suelo de la sala:

Tic, una
toc, dos
tic, tres
tac, cuatro. 

Y es sala porque solo hay una que vale de todo y para nada. Manuel es un niño, como todos, con otros problemas, como tantos.

jueves, 22 de abril de 2010

ALFONSO

A Alfonso le gustaría ser marinero. Tiene un ancla pintada en el pecho y el pelo rizado. Alfonso es un niño espigado, algo travieso y sabe hacer todo tipo de ruidos con la boca. En sus manos siempre lleva un caleidoscopio y mira através de él imaginando que, en el horizonte, están pintadas de cientos de colores las nuevas tierras que divisará desde su barco pirata. Alfonso encontró en el camino de arena una piedra blanca con puntitos rosas, la apretó contra su pecho, muy fuerte, y pidió un deseo: tener dos grandes amigos con los que recorrer mundo. Alfonso conoció a Marta en el colegio y a Manuel en la plaza, en día de mercado, mientras compraba un cuaderno de colores en el que comenzó, en la segunda hoja, poniendo la fecha y una lista de todos los medios de transporte en los que había viajado: tren, coche, patinete, bicicleta, moto y taxi. Todos menos en barco. Por eso, en la primera hoja de su cuaderno, pintó un maravilloso barco del que sería capitán. Al día siguiente, Marta, su nueva amiga, le ayudó a colorearlo y Alfonso le dejó mirar através de su catalejo. Aquellos pedacitos de cristales de colores le parecieron a Marta lo más bonito que había visto nunca.


miércoles, 21 de abril de 2010

MARTA Y MANUEL PIERDEN UNA PIEDRA EN EL CAMINO

Manuel tenía una piedra y Marta era amiga de Manuel. Marta y Manuel tenían una piedra blanca con puntitos rosas. La abuela de Manuel decía que era cuarzo y que debían sujetarla muy fuerte dentro del puño y pedir un deseo. Marta le pidió a Manuel la piedra, la colocó con cuidado en la palma de su mano derecha, la cogió con sus dedos y la traspasó a la palma de su mano izquierda, luego apretó con fuerza la piedra entre sus dedos y pidió un deseo. Manuel hizo lo mismo y al terminar dejó caer la piedra en el camino de tierra que lleva a su casa. Marta hizo el pino y se marchó. Manuel se qedó solo y dejó la piedra para que otros niños pudieran cumplir sus sueños entre el barro.

MANUEL

Manuel sabe que es pequeño y no le importa, así puede encontrar fácilmente los alfileres que a su padre se le caen al tomar medidas a sus clientes. Y es que su padre es sastre de trajes invisibles para grandes celebraciones. Manuel sabe que su cuerpo es vulnerable a una ráfaga de viento y a una mañana sin sol, esto último más bien por su tendencia a tumbarse en el tejado de su casa los días de primavera y es que, con la lluvia, las tejas de aluminio se vuelven resbaladizas y difíciles de afrontar. Manuel pasa las horas allí, cual lagartija, esperando a que su amiga Marta pase, haciendo el pino, y le salude con sanscritos garabateos de buenos días, Manuel, amigo mío. Y es que Manuel no va a la escuela los días de barro y en invierno seca sus fríos con hogueras alrededor de las cuales su abuela, que tiene más de cien años, cuenta historias para dormir y soñar otros mundos, los mundos de los que son grandes pequeños y menudos viajeros de vidas por descubrir. A Manuel le gusta su abuela y los trajes de su padre y aunque estos no les den para comer bien cada día, siempre sobran unas monedas para algún librillo de los que venden en la plaza los domingos, usados pero mágicos y valientes. Y es que Manuel es listo, mucho, y tiene grandes sueños a pesar de su corta estatura.

martes, 20 de abril de 2010

MARTA

Marta se levanta de la cama apoyando primero los brazos sobre el suelo y camina haciendo el pino hacia la cocina. Esta manía de amanecer al revés la lleva repitiendo desde que vio en aquel televisor de la tienda de su tío un anuncio, en blanco y negro, de calcetines para perros. Habla en dos idiomas a la vez porque tiene miedo de que no le entiendan y casi siempre repite la misma palabra al comenzar sus discursos: caracol. Así va de espiral en espiral haciendo garabatos con la punta de los dedos por toda la ciudad camino de la escuela en la que intentan enseñarle a ser una niña normal, como lo son las otras niñas. Pero Marta tiene la sensación de que esto no sucederá y tendrá que repetir curso o descender a un nivel más bajo con los otros normales. Y es que anormalmente, Marta, es más rara que una canción de silencios y le salen de los oídos versos de Neruda. Su madre ha intentado curar sus alegrías con antibióticos y ahora le ha dado, tras fracasar en sus intentos, por la medicina natural pero no ha logrado más que unos mantras que Marta repite hasta la saciedad cuando entra en la bañera. Y es que Marta es una niña muy zen y muy limpia.

CARTAS DESDE LA NADA

Querido asunto mío:

Te robo el adjetivo desde la nada, que me gustó.

Resulta que hoy ha salido el sol por la ventana del dormitorio, cuando acostumbra a hacerlo por el salón, y eso me ha hecho pensar que algo raro estaba apunto de suceder. Tras los rituales vespertinos (es que el sol me trastocó los momentos del día) arranco el coche y, en lugar de ruido, sale del motor una extraña palabra que inmediatamente identifico como aquella con la que finalizaba el libro que nunca he llegado a terminar de leer; y es que tengo esa manía: deternerme en las últimas palabras de cada libro y analizar las consecuencias de las mismas. Ya llego al trabajo (la palabra sigue sonando por las calles) y descubro que me han cambiado el calendario de fecha y la foto que anunciaba marzo ya no está. Es más, la soledad del edificio me hace notar que o bien he llegado demasiado pronto o tal vez, hoy, es un día más o demasiado tarde y no, resulta que los fines de semana no abren las escuelas públicas (las concertadas están siempre cerradas y en las privadas piden contraseña los domingos). Así es que vuelvo a casa y el sol está, tan tranquilo, donde lo dejé.
Y me preparo un té y va y se hace de noche. Ya decía yo.

En la nada pasan estas cosas y, normalmente, no pasa nada más que lo que tiene que pasar. Hoy fue distinto. ¿O no?

p.s. no hay forma humana de cambiarlo

jueves, 15 de abril de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA NADA

Volaban a más de cuatro mil metros de altura y vivían con los pies sobre un alto cerro. Eran susceptibles a la nada. Y todo parece más pequeño desde aquella visión de los que fueron vencidos en la batalla de las simplezas. Al aterrizar, cada uno supo la dirección adecuada y no pasaron dos minutos sin que el momento se rompiera en frágiles pedacitos de cristal. Cada viajero tomó uno, el que le correspondía según su altura, y brotó la sangre de sus manos transparentes. Tan irreal y tan mágIco como la verdad que guardaban en sus baúles de pino viejo. Y como era época de lluvias comenzó a mojarlo todo la tempestad y el asfalto de la pista de aterrizaje, humectante, les recordó que habían dejado la ropa tendida en el patio. Las sábanas de lino habían rodado por la hierba enrolladas en gemidos de jóvenes parturientas y los pañuelos bordados volaban entre las ramas de los árboles que rodeaban la casa del viajero contumaz en soñar que no existía. Pero la realidad y la importancia de la nada se dieron la mano bajo las estrellas y no hubo más pasaporte que el expedido el día de la llegada al lugar en el que habían nacido. Y comenzó la fiesta de las ideas y se cerraron las puertas de todo lo demás, inservibles. Se agarraron con vehemencia de la mano y se dejaron llevar por la lluvia hasta el lugar del que venían. Y la rueda comenzó a girar en el molino.


domingo, 11 de abril de 2010

FINALES


Átame, 1990, película de Pedro Almodóvar y gran final, uno de los mejores. Y es que esos son los finales que te dejan buen sabor, los locos, los que abren puertas y en los que nos encontramos los optimistas. Y resistir a un final es saber dar comienzo a muchos principios, y faltos de ser fuertes, que no lo somos y nuestro orgullo nos pode en duda, están siempre esos momentos de cine, de buena compañía, de todo lo demás. Y podía haber elegido el momento en el que Elsa toma ese avión, o cuando Darín se topa con la realidad de la libertad y de la venganza, o ese en el que Meryl Streep decide coninuar y huir de la felicidad, o tal vez cuando Al Pacino se desmorona tras Cavalleria Rusticana, o ese tan tierno en el que E.T se despide de su gran amigo Elliott, o tantos otros grandes finales; pero no, me quedo con este que, si bien menos impresionante, es muy real y muy final y es de los que a mi me gusta, de carretera y manta.

DALE

Ahora que ha llegado el sol, que no hay mañana sino ahora, que ahora que lo dices estoy cansada de tanta tontería y que no son horas de nada, pero de todo lo demás. Ahora y no antes puedo decir que sí, que vamos, que dale, que nos imaginamos que no estamos y aparecemos ayer y ahora. Que aunque parezca mentira no voy a tirar por allí sino más bien doblo la esquina y me pierdo en perdidos encontronazos y ahora, no antes ni mañana, sólo ahora, con tres palés y cuatro sueños, navego en la dirección que me apetece, como antes, como siempre, como quieras, pero ahora. Sin urgencias, sin calmas falsas; esas para los que no saben volar. Sin plagios, sin nada, sinsentido, sinceramente, ahora. Sí o no.

jueves, 8 de abril de 2010

LA MEMORIA DEL CORAZÓN

Y ya lo dijo Gabo y yo así lo siento. El corazón tiene memoria y es, aunque incomprensible, esa que hace que los recuerdos nos transformen y nos hagan evolucionar. Porque la razón, y ahora me acuerdo de Cervantes y otros, es la sinrazón que enflaquece la cordura de aquel que cree sentir lo que recuerda como único. Y esa nos vuelve locos de recuerdos transformados; pero el corazón, tan olvidado de neuronas y sinapsis, nos mantine vivos de existencias en cada latido y en cada arritmia. Y contumacias mías y de otros que lo imaginemos en un puño o que lo hagamos saltar hasta extasiarlo, embelesando los momentos que nos hacen estar más en pie y más al frente. Hagamos más caso al corazón y menos a la memoria estructurada de las razones estúpidas y encasilladas a cortos o a medios plazos; que no se trata de olvidar o recordar si no de sentir y vivir lo que creemos y es así, sin pragmatismos, como el corazón nos habla. Y es que el idioma es sabio y en francés apprende par coeur, no es más que memorizar, y al fin y al cabo: aprender con el corazón. Y gracias a este artificio, logramos sobrellevar el pasado.

MI D.F

Horas de vuelo para llegar a la inmensidad de tu viento entre volcanes y la nada se rompe. Hemos llegado, la temperatura es de 18 º C y son las seis de la mañana, a una altitud de 2240 metros. Recorrerte es un misterio, la sensación de ahogo contrasta con el acogimiento de tus calles verticales y tus edificios inclinados por sabe dios qué extraña fuerza hasta vomitar en el Zócalo y sentir bajo mis pies a Texcoco,y todo se tiñe de sangrientas historias en las que participamos los que ahora te queremos. Por eso me dejo llevar por tus aceras con la certeza de que has perdonado sin dejar de recordar el olor a copál que limpia y purifica. Y paseo por Reforma desde tus tres culturas hasta Chapultepec, cena en Coyoacán; me gusta tu diversidad, tus grandezas y tus sonidos, tu olor. Y nada como verte desde los ojos del que ya te visitó y vuelve y disfruta, tan bien acmpañado, de tu cultura, de tu noche (sin olvidar que los recuerdos de Brasil están cercanos), de esa obra de teatro, ese concierto en la azotea y esas chelas recorriendo los tejados y las terrazas de tus entrañas. Y comprar un libro en Condesa y recordar los versos de aquel que me sedujo, Efraín Bartolomé. Y sintiendo a Arreola, nos confabulamos entre letras de otros y hojas de papel gastadas.
Y es que atrapas, de verdad, y quiero volver a ti.

E.P

martes, 6 de abril de 2010

PARA (ANA) (ALICIA) TÍ

Que aunque yo no esté, espera a que vuelva y ahora que estoy de vuelta puedes empezar ahí fuera. Que te queda poquito para romper con la gravedad que nos invade a los que por aquí vagamos. Sí, esa que nos empuja hacia dentro y nos hace querer irnos a otros lugares. Y cuando veas la primera luz, artificial, piensa que son otras mejores las que hay ahí fuera: las de los que te quieren y tanto te desean conocer, las del campo, las de las estrellas y la luz de lo que imaginamos y sabemos encontrar, la de la luna y el mar. Que será difícil pero sencillamente bonito y que te contarán los cuentos que contaban otros para que tengas en cuenta que esto que ahora empiezas es el inicio de todo lo que está por llegar, de todo lo bueno.
Y te dejo unas huellas para que sepas que lo que se hace esperar se quiere más que nada,como tú, pequeña, que estás ya más aquí que allí, en este seis de abril. Suerte de tu tía.

E.P

MIRA, MIRA, MIRA

Y no es por eso..., sonaba en el chevy mientras recorríamos esa larga carretera con resaca de sonidos de mar, amaneceres de lunas y soles llenos de energía contagiada. Y la intensidad, esa con la que un baño en esas aguas, un margarita sobre esa arena, un susurro en ese interminable sonido de olas y de vientos...; esa intensidad la llevo en mi Madrid, agotada en mi día a día, en mi noche a noche, en mis soledades elegidas y en mis ganas de compartir contigo los miedos hacia el hombre de blanco y las plabras de Bolaño en las calles de esa inmensa ciudad que atrapa y que libera, como detectives salvajes. Y muy guapos y muy inteligentes, las palabras inventandas asalvajan, que no asilvestran, a las que escribimos ahora en estos reales-imaginados recuerdos que entre pesos y entre besos se pierden y se descubren. En mis manos está y, ahora que me acuerdo, conozco a uno que..., ah,  ya lo dijo ella:

Yo quisiera poder hacer
lo que me dé la gana
detrás de la cortina de "la locura"

Por ti y por Frida:


E.P


lunes, 22 de marzo de 2010

72.

perigeo.(Del adj. gr. περίγειος).

1. m. Astr. Punto más próximo a la Tierra de la órbita de un astro o un satélite artificial.

Viajaba lento en su apogeo. En ese instante, la vida dio un vuelco y la materia se tornó en una inmensa capa de antigravedad y todo se dispersó: las partituras cambiaron de lugar en el pentagrama y los rostros se volvieron del color de las entrañas. En ese momento, cuando la luz se pintaba de rojo, alguien tiró de la razón y se derramó en un punto de la Tierra el despertar de toda una generación de soñadores. En el perigeo quedaron los que no habían sabido alcanzar la Luna.

71.

crepitar.(Del fr. crépiter, y este del lat. crepitāre).

1. intr. Producir sonidos repetidos, rápidos y secos, como el de la sal en el fuego.

Y no sé que tiene el fuego pero me recuerda a la vida. Seguramente, comenzó en una tarde de tormenta, justo cuando todos hacían pompas de jabón en el campo e intetaban viajar con ellas hasta Portugal siguiendo la ya conocida ruta Lisboa-Madrid. Seguramente, al principio se arrimaron al fuego para secar sus ropas y en ese instante nació la filosofía de toda una vida apaciguada de saberes. Seguramente, al sentir el crepitar de la madera incandescente, se preguntaron quiénes eran. Seguramente yo estaba allí, moviendo la leña de un lado a otro; como la vida, para que no se apague.

miércoles, 17 de marzo de 2010

70.

embaír.(Del lat. invadĕre).

1. tr. defect. Ofuscar, embaucar, hacer creer lo que no es.
2. tr. defect. ant. Atropellar, maltratar.
3. tr. defect. ant. Avergonzar, confundir.
4. prnl. defect. Sal. Entretenerse en alguna ocupación o diversión.

Y dícese llamar mago por sus falacias, sin saber que la ilusión no consisite más que en tener la virtud de la verdad y el defecto de ser incapaz de mentir.

martes, 16 de marzo de 2010

V

Un lugar entre montañas pintadas de verde y roca. En un humilde valle recorrido por aguaceros de historia y dialectos de antaño. Sus ojos, incansables, miran al viajero que llega y asombrado abre una botella de vino junto a un arroyo. Es difícil sentirse acogido; los que llegan invitados sienten celos infantiles por V, creyendo que este lugar mágico ocupa el alma de los que allí nacieron sin dejarles ser partícipes de su grandeza. Sólo, si el caminante es capaz de teñirse de humildad, se empapa su pecho de la verdadera alma de este valle. Y es extraño y dulce al mismo tiempo, es capaz de atrapar desde lejos y hacer que sus árboles se llenen de palabras hermosas. Y es arte, los que en el viven en V poseen el don de la magia y de la invisibilidad, se transforman en hombres y mujeres errantes de caminos rojizos y empedrados. Y lo que surge en V es imposible de ser borrado por el tiempo, porque el tiempo se detiene entre las calles largas y empinadas que hacen colgar a sus casas de millones de ilusiones que permanecen intactas en la memoria.
Siento la necesidad de conocer V, o rara vez estuve allí, lo sé. No, si hubieras pisado sus empedradas calles lo recordarías, no se olvida nunca el lugar en el quese añora nacer y morir.

lunes, 15 de marzo de 2010

69.

almoneda. (Del ár. hisp. almunáda, y este del ár. clás. munādāh).

1. f. Venta pública de bienes muebles con licitación y puja.
2. f. Venta de géneros que se anuncian a bajo precio.
3. f. Local donde se realiza esta venta.

"Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso,
un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, una strato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,
mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa.

Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera,
no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.

Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante,
al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos.

Me libré de los tontos por ciento, del cuento del bisnes,
dando clases en una academia de cantos de cisne,
con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?

Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.

Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.

Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo."

Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina, Antonio García de Diego, Véliz y Pancho Varona
Disco: Dímelo en la Calle (2002)


68.

piola. (Del lat. *pediŏla, traba).

1. f. Cuerda delgada.
2. f. Mar. Cabo pequeño formado de dos o tres filásticas.
3. f. Mur. Especie de triquitraque.
--------------------------------------------------------------------------------
piola.

1. adj. coloq. Arg. y Ur. Simpático, de trato agradable. U. t. c. s.
2. adj. coloq. Arg. Astuto, listo

El sol se perdía en la calle León y él la esperaba en La Piola, impaciente, sentado en una de las mesas con un libro forrado con papel de aquel periódico chileno. No tardó mucho en aparecer; como siempre, venía en coche. Él oteó cada una de las prendas que llevaba  y por un momento la imaginó, ridícula, en mitad de la selva Lacandona y al rato, tras dejar delicadamente su abrigo sobre el respaldo, la intuyó sentada en aquel café parisino en el que hacía unos meses habían compartido cafés y arrumacos. Siempre había odiado París. Abrió el libro y comenzó a rasgar las hojas. Ella llamó al camarero con un gesto altivo y casi desquiciante. Él se levantó y dejó sobre la mesa un billete de diez. Ella apagó su cigarrillo sobre las tapas del libro. Él se marchó y ella ordenó las hojas cuidadosamente mientras terminaba su té.

67.

dingolondango.

1. m. coloq. Expresión cariñosa, mimo, halago, arrumaco. U. m. en pl.

Y concluyó el principio del formulario y se cerraron las ventanas de la que había sido su casa durante más de veinte años. Nunca hubo persianas y les costó elegir las cortinas del salón. Pero entre plato y plato, el sexo se volvía cada día más hermético. Se olvidaron de dingolondangos y llenaron las paredes de ofensas. Una gota de licor había dejado una mancha, junto a la chimenea, que era imposible elimnar ni con el más eficaz de los limpiadores de manchas de licor. Esas no se olvidan tan fácilmente, se decía. Y el aburrimiento necesario pudo con ellos, con aquel lugar estrecho, con las paredes pintadas varias veces por el arrepentimiento y con las recetas de cocina repetidas. Y buscaron borrar la culpa de su monotonía en otras aficiones y volverse locos mutuamente. Y cayó el rayo en el mismo sitio, otra vez, y ocurrió lo que venía ocurriendo desde hacía ya muchos meses, ya tantos años y que era motivo de las frías camas y los tercos tragos de whisky, ocurrió que se puso en venta hasta el más ruin de los sentimientos y se alquilaron las pasiones al mejor postor. Todo por si acaso.

THE READER

Sin palabras, una vez más, sin palabras. Ahora rescato agunas que me brotan despues de haberte visto, otra vez. Y es que son tantas y tan hermosas las que en este trocito de vida aparecen, que me dejan muda. Y Homero, ¿dónde quedó Troya?, en tus ojos; Chéjov y aquel cuentito que inspiró al gran Mikhalkov en esa otra que me vuelve loca: "Corrió la voz de que por el malecón se había visto pasear a un nuevo personaje: la dama del perrito"; y esa otra: El amante de Lady Chatterley, que aparece en un suspiro de humedades en otra de tus escenas. Y tu final, trágico, lo imaginé distinto, así de nefelibata que es una.
Gran película y gran selección.
Y si tuviérais que elegir un libro, ¿cuál sería?

ESTRELLADA

No sé si es normal, no sé si es anormal (esta palabra siempre me recuerda a esa película), pero normalmente se me cruzan los pesamientos con unos y con otros, raramente, o no. Algunos dicen que eso es fruto de la dispersión de almas que, divididas por un extraño fenómeno, vagan por el cosmos y en un momento determinado de su existencia errante se funden en alguna estrella (lo cierto es que me lo acabo de inventar pero, suena bien, ¿verdad?). Pues anormalmente pienso lo mismo que tú y tú lo mismito que yo, y claro, como nos falta la estrella (esa nunca la hemos tenido), pues miramos hacia el mismo lugar que, normalmente es nuestra derecha y caminamos en el mismo lado (manías), y se curzan las galaxias en nuestros ojos y nos perdemos de vista por un momento. Pero en ese agujero negro, intemporal, absorvente, volvemos a coincidir en pensamientos dispersos que se vuelven a cruzar en sentimientos adversos. Vaya, yo que nunca creí en eso del destino y ahora me da por lo paranormal. Pero es muy fuerte, no sé si te das cuenta, y sí te das; te das la vuelta y sin mirar, mira lo que pasa. Vaya, yo que nunca supe de estrellas y ahora me oriento gracias a las tuyas, o no.

domingo, 14 de marzo de 2010

66.

nefelibata. (Formación culta del gr. νεφέλη, nube, y βάτης, nombre de agente, de βαίνω, andar).

1. adj. Dicho de una persona: Soñadora, que anda por las nubes. U. t. c. s.

Se conocieron en el cuarto capítulo, antes de que ella terminara de escribir y él dejara de tener tiempo para leer. Una vez más, las páginas habían volado del sofá a la cocina y luego hasta la cama. Todo parecía indicar que aquel invierno iba a ser el más frío de la década; desde que decidieron terminar con sus lecturas no había cesado de llover y el mundo parecía estar volviéndose loco y pequeño, húmedo. Los libros que habían perdido el norte encontraron un refugio en las costas del Atlántico y los más, habían salido camino del sur buscando algún rayo de sol que les devolviera la vida. Entre tanto, ya se había encalabrinado del próximo personaje de aquel viejo libro que le escribió por su cumpleaños y que veinte años más tarde había decidio leer.

viernes, 12 de marzo de 2010

65.

arpegio.(Del it. arpeggio).

1. m. Mús. Sucesión más o menos acelerada de los sonidos de un acorde.

"La otra desgracia fue el arpa. Un día, muy consciente de lo que quería decir, doña Blanca había dicho: “No creo en mujeres decentes que no sepan tocar el piano”. Fue una orden que hasta su hijo trató de discutir, pues los mejores años de su infancia habían transcurrido en las galeras de las clases de piano, aunque ya de adulto lo hubiera agradecido. No podía concebir a su esposa sometida a la misma condena, a los veinticinco años y con un carácter como el suyo. Pero lo único que obtuvo de su madre fue que cambiara el piano por el arpa, con el argumento pueril de que era el instrumento de los ángeles. Así fue como trajeron de Viena el arpa magnífica, que parecía de oro y que sonaba como si lo fuera, y que fue una de las reliquias más preciadas del Museo de la Ciudad, hasta que lo consumieron las llamas con todo lo que tenía dentro. Fermina Daza se sometió a esa condena de lujo tratando de impedir el naufragio con un sacrificio final. Empezó con un maestro de maestros que trajeron a propósito de la ciudad de Mompox, y que murió de repente a los quince días, y siguió por varios años con el músico mayor del seminario, cuyo aliento de sepulturero distorsionaba los arpegios."
Gabriel García Márquez. El amor en los tiempos del cólera.

64.

parangonar.(De paragonar).

1. tr. Hacer comparación de una cosa con otra.
2. tr. Impr. Justificar en una línea las letras, adornos, etc., de cuerpos desiguales.

paragonar.(Del it. paragonare, y este del gr. παρακονᾶν, aguzar).

1. tr. Comparar, parangonar.

"Recuerdo el gozo que me produjo este primer triunfo de mi honorabilidad. Nuca, hasta el momento, me llamaron de usted, y el hecho de que aquella mujer me parangonase en dignidad con mi tutor me ocasionó un íntimo regocijo."
Miguel Delibes. La sombra del ciprés es alargada.

63.

exinanido, da.(Del lat. exinanītus, part. pas. de exinanīre, consumir).

1. adj. p. us. Notablemente falto de vigor.

«La ciudad, ebria de luna, era un bello producto de contrastes. Brotaba de la tierra dibujada en claroscuros ofensivos. Era un espectáculo fosforescente y pálido, con algo de endeble, de exinanido y de nostálgico».

Miguel Delibes. La sombra del ciprés es alargada.

palabra cedida por Miguel S.L. El texto, de mis casuales lecuras.

HASTA SIEMPRE

Hay que ser valiente para saber esribir lo que dejaste escrito y para tener presente lo que tienen presentes tus palabras, tus párrafos, tus descripciones y, sobre todo, tus personajes. Y es que ya dijiste que murió antes el escritor que el hombre, y no creo que sea verdad. El arte nunca muere y las palabras quedan escritas en cada volumen, en cada rincón de tantas casas, colegio, instituciones, bibilotecas, librerías de siempre y, otras, quedan latentes para ser descubiertas por los que te leen, te admiran y hasta intentan seguir tus huellas; pero todas, aunque en el silencio, permanecen en el alma y en la mente.
Hasta siempre, Delibes

jueves, 11 de marzo de 2010

VIAJAR

Una de mis debilidades: viajar. Vivir otros mundos, otras vidas (de lo que hablábamos el sábado), descubrir, empaparte de otros, sentir que el gran mundo es tan pequeño, que está al alcance de la mano, que se siente accesiblemente sencillo y misterioso, que cambia, se mueve, te gira y que me vuelve loca viajar. Y ya estoy pensando a qué lugar del mapa marcharé, decidido. Y bucear en sus mares, pisar sus tierras de colores, leer lo que otros han escrito de aquel lugar o de este, sentir lo que han sentido, escuchar las palabras de los que allí habitan, sin estorbar, sin hacer ruido, despacito y sigilosamente, expectante de lo que habrá al cruzar la calle o al doblar la esquina (aunque a veces sea sorprendentemente aterrador), ser una más y dos menos, sentir sus canciones, sus bailes, su gastronomía, su forma de mirar, de reir o de llorar. Y es que, cuando se viaja, es bueno estar acompañado de algo de música. Y esto les dije a mis alumnos mientras rellenaba ese control de geografía al tiempo que sonaba Bach. Y me entendieron, y me miraron conocedores de la loca viajada qe tenían delante y se lanzaron a soñar con otros mares, en otros volcanes de otros continentes y cordilleras.
Viajar, vivir, soñar..., enamorarse de cada rincón descubierto y de los miles que quedan por descubrir. Y repetir lugares, pasado el tiempo, y mirar con ojos nuevos las grandezas y los cambios, ajenos o no al viajero.

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Miguel de Cervantes

Y te buscaré: