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miércoles, 23 de junio de 2010

EL SUEÑO DE MARTA

La noche de San Juan, entre hogueras, Marta tuvo un sueño: soñó que tenía un amigo entre chavolas de caramelo y con ojos de niño lleno de ilusiones, soñó que navegaba en un barco de veranos interminables y entre olas de algodón; Marta soñó con amigos que escondían secretos bajo un cerezo y recogían discos y miraban el mundo através de un caleidoscopio.

La noche de San Juan, entre deseos de primaveras terminadas, Marta jugó a volar repartiendo palabras que se colaban entre los dedos de otros, voló jugando con el tiempo y esperó a dejar de ser quien era para visitar a la abuea de un niño que corría entre el barro de otros.

Y es que sólo, en la noche de San Juan, entre lenguas extrañas, se puede ser amiga de Manuel y de Alfonso y llenar cuadernos de ilusiones y de mágicas palabras. Sólo siendo Marta y despertando, cada día, haciendo el pino para ir al colegio mientras garabatea con los dedos de los pies las ganas que tiene de ser siempre peqeña.

Y al despertar, tras la noche de San Juan, los amigos imaginados se pierden entre el verano y se recuerdan de forma extraña, como los sueños.


martes, 25 de mayo de 2010

LOS SOLDADITOS DE PLOMO

Marta miraba por la ventana hacia el patio lleno de primaveras y  pensaba en la historia que Manuel le había contado días atrás. El abuelo de Manuel trabajaba el plomo en Rumanía y con diferentes moldes creaba cientos de soldaditos que vendía en un pequeño puesto del centro de Bucarest. Marta nunca hábía visto uno de esos soldados, pero imaginaba ejércitos de pequeños muñecos desfilando por los pasillos del colegio, por las mesas y por el alfeizar de la ventana en el que ahora reposaban sus sueños; todos buscando una batalla, una estratégica posición en el mapa mundi que colgaba de la pizarra. Marta hubiera querido conocer a ese abuelo y estar en esa ciudad y ayudar a pintar con pequeños pinceles una sonrisa de paz a los soldados. Las guerras -pensaba- están hechas de odio y de envidias; pero aquellos soldados, los de Manuel, serían capaces de luchar en batallas imposibles para lograr la paz de los que con sus manos les crearon. Los soldados de plomo dejaron de existir hace años, los sueños de Marta vuelan por la ventana y hasta el patio. Marta siempre quiso tener un abuelo y un barco de papel.


miércoles, 19 de mayo de 2010

MARTA, MANUEL, AFONSO


Alfonso quería ser marinero y vivir aventuras y escribirlas en su cuadero de bitácora para que Marta y Manuel conocieran otros mundo, sintieran otras tierra, soñaran con otros vientos. Marta quería ser mayor para recorrer el cielo en una burbuja de jabón y verlo todo desde arriba, desde lo más alto, desde allí dentro, tan adentro. Manuel quería tener un patinete y rodar hasta la luna, sin la gravedad del mundo en el que, día a día, se le aplastaban los sueños y se le engrandecía el hambre.
Alfonso, Marta y Manuel tenían sueños grandes pero eran pequeños. Manuel, Marta y Alfonso eran menudos y grandes soñadores de mundos posibles. Como lo son los que esconden las palabras dentro de cajas de latón y las lanzan a la tierra o al mar para que naveguen en el tiempo.


jueves, 6 de mayo de 2010

EL PRIMER PROBLEMA

Como todos los problemas, un buen día, apareció el primero para Marta, el primero para Alfonso y uno de tantos para Manuel. Los problemas son como se quieran ver y Alfonso lo miró desde su caleidoscopio, lleno de colores y haciéndose y deshaciéndose a su antojo; Marta lo vió del revés, nada más levantarse, y decidió empaparlo del agua caliente de la ducha y del jabón de aceite casero que la abuela de Manuel fabricaba a finales del invierno. Manuel, lo dejó pasar, como las lluvias de otoño, como el hambre, como la amenaza del final de los juegos que inventaba con Domingo, como uno de tantos.

Habían quedado, en secreto, junto al cerezo que estaba al lado de las pistas de baloncesto, en el patio del colegio. Era un secreto porque sólo ellos lo sabían y no podían hablarlo más que en el idioma que Marta había inventado y que consistía en cambiar cada vocal por la siguiente en orden inverso: u, o, i, e, a.


"Qadumis an ul carazi, u lu 1 an ponte, untas da qua vangun lis muyiras."

Y cuano se encontraron, junto al cerezo, aquella mañana de colegio, escondieron el problema en una caja de latón y lo enterraron muy adentro de la tierra roja del patio.
 
Nadie volvió a tener ese primer problema que Marta y Alfonso compartieron con Manuel, junto al cerezo.
 

miércoles, 5 de mayo de 2010

MANUEL ES MÚSICA

Como la primavera es lluviosa, los días son más largos, crecen. Hoy Manuel sale a buscar chatarra con su primo. Al ser algo corto de estatura, Manuel, encuentra antes lo que es realmente mágico; y su primo le deja guardarlo para él y le sube en lo alto del camión, rodeado de barras de aluminio y tiras de cobre y entonces se siente grande. Hoy encontró algo redondo, fino, delicado. Manuel lo cubrió de vaho y lo limpió, cuidadosamente, con la manga de su camiseta de rayas verdes y naranjas. Cuando llegó a casa corrió a buscar a su abuela, que cocinaba tras el biombo que separa la cocina del colchón de Manuel y Domingo, y le enseñó el objeto brillante, negro y redondo, de vinilo. Su abuela comenzó a cantar y a dar vueltas por la sala con una cuchara de palo en su mano y le explicó que en él se guardaban las canciones que su abuelo le cantaba cuando vivían en la ciudad, cuando eran jóvenes y llenos de ilusiones. Manuel, tras escuchar las tararas de su abuela, subió al tejado y con la oreja pegada al disco se llenó de amor y de notas musicales en el silencio de la tarde.

martes, 4 de mayo de 2010

ALFONSO ENCUENTRA UNA PALABRA

La mañana siguiente a la primera luna llena del mes de abril, Alfonso prepara en la cocina un pastel para la fiesta sorpresa de Marta. Como Marta es muy dulce, le cocina un bizcocho de galletas y leche condensada. Al colocar la última galleta del pastel, entra volando por la ventana de la cocina una caracola que se posa sobre la encimera. Alfonso la mira y la caracola comienza a dar saltos por toda la cocina: de la encimera al fogón, del fogón a la nevera, de la nevera al microondas, del microondas a la baldosa azul del suelo. Alfonso se tumba y con un ssssschsssss, la caracola se posa en la punta de su nariz y en un suspiro le dice: calandraca, y vuelve volando al lugar del que venía. Y no es que Alfonso crea que es extraño que una caracola voladora le suspire calandraca: es que a Alfonso le hacen cosquillas las palabras marineras y los juegos aéreos de su amiga Marta.

lunes, 3 de mayo de 2010

MARTA SALE VOLANDO

Marta iba camio del colegio con una mochila verde llena de caracolas y conchas que había recogido en la playa. Pensaba colocarlas en círculos por todo el colegio para que Alfonso, su nuevo amigo, se sintiera algo más marinero. De repente comenzó a soplar el viento del Sur y Marta extendió los brazos y salió volando calle arriba, con mochila y todo. Pasó por la biblioteca, por la plaza el mercado, por la tienda de su tío y abrió la boca para beber aire fresco. Encontró a Manuel esperando el autobús en el camino y decidió cogerle del brazo y llevarlo volando hasta el colegio. Manuel lo agradeció regalándole la última estrella que, perezosa, se había quedado despistada en el cielo del nuevo día. Marta abrió su mochila y aquella mañana, en la ciudad, llovieron conchas y caracolas. En el telediario, su madre escuchó la noticia y no dudó en regañar a Marta por volver a estar, como tantos días estaba, en las nubes. Manuel decidió guardar el secreto y se metió en un buen lío por entrar al aula por la ventana.

miércoles, 28 de abril de 2010

MANUEL SALE A JUGAR

Sale a jugar al balón, sale a jugar a la calle, sale a jugar con su hermano Domingo, pero es lunes y martes; Manuel, cada día, sale a jugar al camino de arena. Como no tiene juguetes, los inventa. Como no tiene dinero, no gasta. Como no tiene más amiga que la luna y que Marta y Alfonso, les llama desde su tejado y allí están, en sus camas, arropados, mientras sus madres les cuentan un cuento: a Marta, sobre la vida; a Alfonso, uno de piratas buenos y cocodrilos hambrientos; a la luna, sobre las estrellas, sobre los ojos de Manuel.

Manuel y Domingo no van al colegio los días de lluvia, el barro nos les deja y pasan las horas soñando y contando las gotas que caen sobre el suelo de la sala:

Tic, una
toc, dos
tic, tres
tac, cuatro. 

Y es sala porque solo hay una que vale de todo y para nada. Manuel es un niño, como todos, con otros problemas, como tantos.

jueves, 22 de abril de 2010

ALFONSO

A Alfonso le gustaría ser marinero. Tiene un ancla pintada en el pecho y el pelo rizado. Alfonso es un niño espigado, algo travieso y sabe hacer todo tipo de ruidos con la boca. En sus manos siempre lleva un caleidoscopio y mira através de él imaginando que, en el horizonte, están pintadas de cientos de colores las nuevas tierras que divisará desde su barco pirata. Alfonso encontró en el camino de arena una piedra blanca con puntitos rosas, la apretó contra su pecho, muy fuerte, y pidió un deseo: tener dos grandes amigos con los que recorrer mundo. Alfonso conoció a Marta en el colegio y a Manuel en la plaza, en día de mercado, mientras compraba un cuaderno de colores en el que comenzó, en la segunda hoja, poniendo la fecha y una lista de todos los medios de transporte en los que había viajado: tren, coche, patinete, bicicleta, moto y taxi. Todos menos en barco. Por eso, en la primera hoja de su cuaderno, pintó un maravilloso barco del que sería capitán. Al día siguiente, Marta, su nueva amiga, le ayudó a colorearlo y Alfonso le dejó mirar através de su catalejo. Aquellos pedacitos de cristales de colores le parecieron a Marta lo más bonito que había visto nunca.


miércoles, 21 de abril de 2010

MARTA Y MANUEL PIERDEN UNA PIEDRA EN EL CAMINO

Manuel tenía una piedra y Marta era amiga de Manuel. Marta y Manuel tenían una piedra blanca con puntitos rosas. La abuela de Manuel decía que era cuarzo y que debían sujetarla muy fuerte dentro del puño y pedir un deseo. Marta le pidió a Manuel la piedra, la colocó con cuidado en la palma de su mano derecha, la cogió con sus dedos y la traspasó a la palma de su mano izquierda, luego apretó con fuerza la piedra entre sus dedos y pidió un deseo. Manuel hizo lo mismo y al terminar dejó caer la piedra en el camino de tierra que lleva a su casa. Marta hizo el pino y se marchó. Manuel se qedó solo y dejó la piedra para que otros niños pudieran cumplir sus sueños entre el barro.

MANUEL

Manuel sabe que es pequeño y no le importa, así puede encontrar fácilmente los alfileres que a su padre se le caen al tomar medidas a sus clientes. Y es que su padre es sastre de trajes invisibles para grandes celebraciones. Manuel sabe que su cuerpo es vulnerable a una ráfaga de viento y a una mañana sin sol, esto último más bien por su tendencia a tumbarse en el tejado de su casa los días de primavera y es que, con la lluvia, las tejas de aluminio se vuelven resbaladizas y difíciles de afrontar. Manuel pasa las horas allí, cual lagartija, esperando a que su amiga Marta pase, haciendo el pino, y le salude con sanscritos garabateos de buenos días, Manuel, amigo mío. Y es que Manuel no va a la escuela los días de barro y en invierno seca sus fríos con hogueras alrededor de las cuales su abuela, que tiene más de cien años, cuenta historias para dormir y soñar otros mundos, los mundos de los que son grandes pequeños y menudos viajeros de vidas por descubrir. A Manuel le gusta su abuela y los trajes de su padre y aunque estos no les den para comer bien cada día, siempre sobran unas monedas para algún librillo de los que venden en la plaza los domingos, usados pero mágicos y valientes. Y es que Manuel es listo, mucho, y tiene grandes sueños a pesar de su corta estatura.

martes, 20 de abril de 2010

MARTA

Marta se levanta de la cama apoyando primero los brazos sobre el suelo y camina haciendo el pino hacia la cocina. Esta manía de amanecer al revés la lleva repitiendo desde que vio en aquel televisor de la tienda de su tío un anuncio, en blanco y negro, de calcetines para perros. Habla en dos idiomas a la vez porque tiene miedo de que no le entiendan y casi siempre repite la misma palabra al comenzar sus discursos: caracol. Así va de espiral en espiral haciendo garabatos con la punta de los dedos por toda la ciudad camino de la escuela en la que intentan enseñarle a ser una niña normal, como lo son las otras niñas. Pero Marta tiene la sensación de que esto no sucederá y tendrá que repetir curso o descender a un nivel más bajo con los otros normales. Y es que anormalmente, Marta, es más rara que una canción de silencios y le salen de los oídos versos de Neruda. Su madre ha intentado curar sus alegrías con antibióticos y ahora le ha dado, tras fracasar en sus intentos, por la medicina natural pero no ha logrado más que unos mantras que Marta repite hasta la saciedad cuando entra en la bañera. Y es que Marta es una niña muy zen y muy limpia.