jueves, 21 de enero de 2010

M

Cuando crees que ya lo has vivido descubres que en M exisite el principio básico de todo viaje: el afán por continuar. Y ese impulso te lleva a cometer una de las mayores locuras de todo explorador: permanecer más tiempo del debido en el mismo lugar y dejarte empapar por la nostalgia de sus caminos enrevesados.

Y este lugar es oscuro y mágico. Y en M sientes ganas de volar y de sumergirte entre sus raíces tocadas por otros ojos y vistas por cientos de manos y brazos que no han sabido cuidar las grandezas de su tierra. Tierra de la que germinan sueños y palabras covertidas en misantropía, en dolores rebeldes, en rencores raídos. Y cuando quieres salir no puedes; M siempre, en la memoria y en el silencio.

Y cierras el cuaderno de bitácora y con él las maniobras realizadas hasta la fecha y con la fecha realizas ejercicios de memoria y descubres que no sabes ni el cómo ni el porqué llegaste hasta allí. Entonces, sólo entoces, regresan el afán por continuar y aprendes a caminar

J

Se llega a J a través de un mar de color uniforme, en calma continua, y se atraviesa con la vista el enrevesado de vías que la conforman. Millones de paralepípedos se suceden en constante calma y dejan reflejar en sus paredes de cristal las miles de personas que, desnudas y sin sexo, sobrevuelan las aceras. El mar se confunde con el cielo. Árboles de colores y frutas exóticas y desconocidas cuelgan de las escasas nubes de color rojizo. Cuando llevas unas horas comprendes que el sol nunca se posiciona en el cénit, originando un continuo ocaso. ¿Amanece en J? No, siempre es pasado el medio día, cuando la tarde amenaza con una noche oscura que nunca llega. Pero el aire es tan escaso que la gravedad desaparece y una vez allí tus pies comienzan a elevarse impidiéndote mantener la cabeza erguida. Tras repetidas cabriolas, como en un juego maldito pero pueril, logras que tus ojos vuelvan a la altura del horizonte y los zapatos se desprendan hasta el vacío sobre el que flota la ciudad. Entonces tus párpados se cierran y ves el interior de los habitantes de J, un interior onírico, sin sangre ni miedo, puro, continúo en el tiempo, no sabría definir el principio de esos cuerpos que se confunden con la ingravidez y se entremezclan y atraviesan sin distinción. Pero puede que pasaran horas, días, meses, incluso años. El tiempo desaparece y la única preocupación es flotar. Te sugiero seas más veraz en tus descripciones, es ilógico que exista un lugar de estas características. Te diré, conciencia, que sólo hay que saber recordarlo. Todos hemos vivido en él durante el principio de nuestros días, cuando el viaje comenzaba y se abrían las mil puertas del destino

domingo, 17 de enero de 2010

QUITERIA

Siempre te recordaremos, todos, siempre. Porque estuviste ahí, con esa sonrisa, con esa paz que transmitía tu rostro sin arrugas y tus manos y todo tu ser. Siempre recordaré tus comidas, aquellas judías en vinagre que nadie más supo cocinar y la sopa de tomate que tanto le gustaba a la abuela. Y cuando veías los partidos de fútbol y gritabas en los penaltis sin saber muy bien el porqué. Y recordaré las tardes en Valverde cuando había tormenta y nos hacías apagar la tele y las luces y te sentabas en una silla de madera y rezabas con las manos entrelazadas y apoyadas en el respaldo. Y yo te miraba y pensaba que se acababa el mundo entre trueno y trueno. Debo decirte que no lo he superado. Y cuando nos llamabas bandido debajo de la escalera al oírnos llegar a casa por la noche, tarde y sigilosos para no desperta a nadie. Y cuando me llevabas al lago, en Madrid, y me comprabas algodón  íbamos al Corte Inglés y yo te susurraba los precios de todo. Y jugábamos a la brisca y al cinquillo apostando las pesetas que tú me dabas antes de cada partida. Y las coplas que cantabas cuando estabas en la cocina y abrías el horno y sacabas una patata caliente y en un golpe la partías por la mitad, le ponías sal y nos la comíamos.

Y siempre recordaré el día en que te fuiste y te sentaste y ya no te pudiste levantar.

(Jichita, continúa esto...)

TOMMY

Debía de ser muy pequeña porque apenas recuerdo cómo apareció o si estuvo allí siempre. Medía unos quince centímetros y me susurraba al oído desde mi hombro derecho. Tuvimos largas conversaciones por los rincones de aquella casa que recuerdo grande y llena de juegos y risas. Todos sabían de su existencia, eso creo, y para mi era evidente que Tommy, este era su nombre, formaba parte de los Prieto.

Un buen día, la familia aumentó por quinta vez y Tommy decidió irse a los USA a estudiar, concretamente a Texas donde vivía su primo, en un rancho con búfalos y caballos (así lo imaginaba yo que por aquellos años tenía cinco primaveras recién cumplidas). La despedida fue triste pero necesaria. A los pocos meses nació mi hermano pequeño y nos mudamos de casa y de sueños.

Hace unos meses, estando en Asturias con unos amigos, recordábamos historias de este tipo y cuando les hablé de Tommy todos reían. No, no estoy loca, era mi amigo invisible y ahora es el primer protagonista de mi ciudad invisible. ¿Algún problema? Más de uno terminó por confesar historias peores (no las publicaré aquí, tranquilos) Y no es que necesitara tener amigos invisibles, en aquella casa era imposible que un niño se sintiera solo entre tanto hermano y tanto animal (perros, pájaros, tortuga, oruga...). Simplemente creo que era esa necesidad que ahora me vuelve de volcar mis sentimientos e imaginaciones en algún lugar solitario. Y es que: ¿qué diferencia puede haber entre un amigo invisible y este blog?

MIS CIUDADES INVISIBLES

Recorriendo Las Ciudades Invisibles me encuentro tan perdida que no sé si realmente etoy en las calles y en las fuentes de cada una de ellas o sigo en mi Madrid.

Buena intervención de Mónica que me hace reflexionar: ¿son estas ciudades la descripción de mujeres que ha habitado Italo Calvino? Añado que no sólo son mujeres, son vivencias, sentimientos, estados de ánimo cambiantes, lugares de encuentro con uno mismo y con otros, son reflexiones y recorridos, son la magia de encuentros y desencuentros, son afirmaciones y sueños, pesadillas, peleas, borracheras, risas, juegos de mano, silencios, son la verdad de un camino baldío, la risa, la primera vez, lágrimas, amores y desamores, palabras. Son uno mismo en un viaje hacia ninguna parte en el que (y aquí recuerdo a R. L Stevenson, Tusitala) lo importante no es llegar, sino ir. Y allá voy yo.

Y con esta teoría me aventuro en mi mundo y en mis ciudades, mis viajes, los lugares que ya he recorrido y los que aún debo recorrer, o no.

Abro una nueva entrada en este pedazo de realidad virtual: mis ciudades invisibes. Esero que os guste y que os sintáis reflejados porque en ellas, en cada viaje, está un pedacito de la gente a la que quiero.

sábado, 16 de enero de 2010

CAUSALIDADES

Se me fue la inspiración por debajo de la puerta. Tantas son las casualidades que vuelvo a no creer en ellas. Las causalidades son menos tramposas y más reales, digo yo. Y es que si hay causa hay efecto y en efecto, la casualidad no tiene origen y es menos real que esto que escribo. Si la causa de que sea así es el azar, me paso la magia por donde ya sabes. No es casual que ya no me pongan lo más mínimo tus albricias y sí causal. Y podría empezar a enumerar pero, qué quieres que te diga, hasta eso me parece una pérdida de tiempo. Y es que los números ya me parecen sinsentidos. Qué más da dos, tres o cuatro. Que hasta eso ha perdido el interés y busco algo más pragmático. Eso sí, que no se pierda la frescura y la improvisación, la locura. Pero no la tuya, que me aburren los sermones sobre epigramistas romanos (a quién no, un rato vale). Y prefiero unos vinitos y si te descuidas me engancho en esos ojos negros. Vaya, ¿no será esta la causa?

A pasarlo bien

MONTEVIDEO



E.P

Se llega hasta allí desde lejos, desde otros vientos y se encuentra lo que se busca. Montevideo, me sabes a Habana, me sabes a Río de Janeiro. Y después de mucho caminar por tus calles me sabes a mi y te conozco como si ya te hubiera vivido. Y te recorro minuto a minuto y te huelo. Y Buenos Aires, allá enfrente, te envidia por ser tan noble, por ser tan tú. Y la gravedad en Montevieo no existe y enseguida comienzo a volar, hasta tu ventana. Y sucede que esta ciudad me gusta y me enamora con la misma intensidad con la que la describo ahora, al otro lado. Y resulta, sin duda, que debes adivinar que volveré.

lunes, 4 de enero de 2010

12 SEGUNDOS


E.P

Motivo: una canción. Inspiración: el lugar más mágico jamás creado. La culpa de esto: tú.

Y es que son doce los segundos que tarda la luz de nuestro faro en dar una vuelta completa. Y son doce los segundos de oscuridad.  Y doce segundos es lo que dura una despedida, y un adios y armar un cigarrillo y doce segundos en escribir esto. Y doce segundos en encontrarnos al otro lado, tan lejos y tan cerca. Tú me lo enseñaste, gracias.

Y atardece y el cielo uruguayo es de un rojo tan intenso..., al este, la luna llena; último día del 2009. Un año lleno de tantas cosas que ya quedaron atrás y de tantas otras que comienzan, ahora.

Y la nostalgia me hace escribir desde Buenos Aires. La nostalgia me hace tener el corazón partido entre Uruguay y mi Madrid.

Veré esa película en cuanto regrese y veré a Drexler en el Solis. Y como decía tu abuelo veré cada año El Padrino y encenderé un fuego los días de lluvia.

Todo por volar.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

ENTRE EL VIVIR Y EL SOÑAR...

... hay una tercera cosa, adivínala.

Y Machado dijo: Amor; yo: María Pagés.

He vuelto a disfrutar de su espectáculo, he vuelto a llorar con los versos de Miguel Hernández y con el cuerpo de este prodigio del baile que es María Pagés acompañando a dos voces flamencas que entonaban con desgarro las Nanas de la cebolla. He reído con sus chirigotas y me he estremecido con la voz de Saramago alzando una rosa, la rosa de esta magnífica artista que descubrí hace tan solo unos meses en el Español y que he vuelto a tener la suerte de ver en Matadero.


Se siente el empeño, la sangre y hasta las entrañas en cada zapateado y en cada palma no sólo de María, también de los que con ella nos brindan, sin duda, uno de los mejores espectáculos de flamenco; sentido y entregado, como debe ser.

Y es que siempre recordaré la sensación que tuve al entrar por primera vez en un teatro. Ese gran desfile de butacas perfectamente ordenadas bajo un tapiz rojo en el que nace y muere un escenario, la magia de una historia. Y acomodarte, la luz tenue, una voz y el telón comienza a abrirse a un mundo distinto.

Si esa sensación se funde con un espectáculo como Autorretrato, me dejo el alma en la función.


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DE PÁRAMOS Y PEDROS

En febrero, cuando las mañanas estaban llenas de viento, de gorriones y de luz azul, marzo decidió que no llegaría. Hizo las maletas y salió del calendario. La foto de aquella ciudad uruguaya que le acompañaba quedó vacía de días y de lunas y voló hasta encontrarse con la nada. Y allí decidió quedarse. 

continuará..., o no

miércoles, 16 de diciembre de 2009

UN PENSAMIENTO

Me harté, pues sí, que quede claro. Desde aquí y hasta hoy. Termino Pedro Páramo y va un espíritu de los de antes y se me aparece, así, como si nada y con este frío. Y me agarra de una pierna y me da la vuelta entera y me susurra al oído: no hagas caso, pardilla, que el tiempo es oro. Y tanto. Que en menos de una semana estamos cruzando el charco y este año no habrá blanca Navidad. ¿Y cómo que pardilla?, ya está bien, señora, vuelva al lugar del que ha venido: a los recuerdos perdidos.

Y salgo de casa y me pierdo en el ascensor (ya es difícil) y aparezco entre las sombras de las páginas de ese escritor o poeta o lo que sea. Y las palabras me llenan de tinta negra y se esparcen por el suelo. Querencia, dolencia y apetencia; las que tenía, que te he dicho hace un rato (doce líneas) que me harté.

Y abro los ojos y estoy dentro de un sitio muy oscuro, así es que me ahorro las descripciones, que si Azorín levantara la cabeza me tiraría de la pluma. Y hace un calor de muerte en ese lugar tan raro y huele a madera de roble de más de cien años. Así es que decido pasar página, que este secarral no me va nada. Me descubro saliendo de un mueble.

Venga, a caminar otra vez, a través del espejo. Y entre espejismos cierro el libro que nunca he comenzado.

Vaya coincidencia, ¿no estarías leyendo el mismo? Es que hoy me han hablado del pensamiento divergente y me he acordado. Por no tenerlo, claro.

Y es que ocho pisos dan para mucha literatura, por llamarlo de algún modo. Y llego al -2

domingo, 13 de diciembre de 2009

MÁS

Hace muchos, muchos años, en el país de los silencios, vivió una niña de dos trenzas y ojos verdes que soñaba con ser viento y con ser mar. Las barcas, en la orilla, dormían abrazadas y la niña, junto a ellas, esperaba el amanecer.

Una mañana de diciembre el sol salió temprano y la niña despertó en las olas, con sus trenzas y sus ojos de cristal. No dudó ni un solo momento y preguntó:

- Sol, ¿me quieres?

- No como tú crees- le contestó.
Y la niña corrió por la playa con los ojos cerrados; rápido, tanto que ni el viento la oyó marchar.

Los días pasaron con penas y sueños y la niña de dos trenzas caminaba entre los bosques y se adentraba en la corteza de los árboles buscando la oscuridad. Pero una noche de luna llena, la niña volvió hasta el mar. Los pescadores calafateaban sus barcas y las mujeres cosían las redes. “Esta luna traerá buena pesca”, se decían unos a otros. La niña de dos trenzas alzó sus verdes ojos y miró a la luna llena. La luna, llena de niña, miró aquellos ojos y acarició las penas que escondían.

- El sol es así, pequeña.

Los pescadores, en silencio, se dejaban arrullar por las olas y se hacían cada vez más pequeñitos; la luna, cada vez más grande; la niña, cada vez más niña. Y se durmió el tiempo en el país de los silencios. Y despertó la niña por el sol y el sol por la niña.

- Sol, ¿tú me quieres?
- Ya te lo he dicho, niña, no como tú crees.

Y la niña lloró y corrió y gritó y rompió las conchas a su paso y se adentró en los bosques y se escondió entre los helechos. Y allí soñó con el sol y con ser mar y con ser viento. Y decidió no hablar nunca más. Y tuvo miedo.

Pasaron los silencios y los días y las noches y las lluvias. La niña ayudó a pintar de colores las casas del puerto: unas verdes, otras rojas, otras azules, otras lilas y amarillas. De este modo, cada vez que los pescadores llegaban de sus travesías en la mar reconocerían desde bien lejos cuál era su casa y en ella, su balcón y en él, a su amada y en ella, su vida. La niña no tenía sol, no tenía casa y no era más que una niña con dos trenzas y ojos tristes. La niña no quería ser marinera.

Aquella noche salieron todas las estrellas y en las olas y con la niña nadaron en el mar. Y no había luna, ni redes, sólo casas de colores con las chimeneas humeantes. El país de los silencios susurraba y el viento acunaba al mar, a la niña de dos trenzas y ojos verdes. El mar acunaba a las estrellas.

Y siendo aún de noche salió el sol.

- Sol, dime, ¿me quieres?
- No como tú crees, niña.
- ¿Y entonces cómo, sol nocturno?
- Más.

Y la niña pintó de azul una concha de la orilla para que el sol pudiera saber siempre dónde estaba su casa.

domingo, 6 de diciembre de 2009

CONSTITUYÉNDOME

Resulta que todo lo que toco se vuelve de colores, últimamente. Ironías de la vida, me encuentro en pleno puente de la constitución buscando el artículo apropiado para comenzar. Y los hay determinados, que me gustan, y los hallo indeterminadamente sugerentes, los menos. Y siempre está el yo, mejor el tú y por qué no, el ellos y el nosotros. Y él. Que todos sirven para conjugar lo que ocurre en una tarde de lluvia. El verbo, lo de menos; lo ponen otros, sin sujetos y con tantos predicados dedicados, delicados. Que ser o estar no es parecer, padecer, palidecer. Esos son copulativos. Y entre artículos y artistas y artes comparadas me comparo con la ley que se celebra y celebro la desigualdad de los que la crearon. Me quedo con la lengua y el lenguaje de los que participan en mis legislaciones, que las de hoy no me las creo. O eso creo. Y si están ahí será por algo. Y el vosotros, unos, unas, que el femenino lo olvidamos tantas veces.

Me constituyo anticonstitucional y acostumbrada a ser fiel a un solo sustantivo, abstracto, claro, que siempre son los más hermosos. No hace falta que lo escriba, ya lo sabes y lo sientes.

sábado, 5 de diciembre de 2009

ÑIQUIÑAQUE Y CALANDRACA DESDE EL MAR HASTA LA ORILLA

¿Ñiquiñaque?
¿Calandraca?

Está todo tan oscuro que casi no te veo, creo. Un, dos, tres. Magia. Pues sí. Te siento.

Así que decidieron, ante esta y otras muchas paradojas, abrazarse fuerte y quererse siempre.

¿Calandraca?
¿Ñiquiñaque?
¿Sigues ahí?
Siempre.

Y cuatro, cinco, seis. Un rayo de luna. Que para eso está redonda, llena, inmensa. Cállate, no seas pesado, y deja de dar la lata.

Y se durmió. Durmieron. Y Ñiquiñaque soñó con margaritas y lindos mares y Calandraca con océanos y corales y se encontraban en el tiempo y con el viento y hasta allí y bajo el agua, calentita.

Siete, ocho, nueve y diez. Tantos como se debían. Que no es deber el quererse, pero no está demás recordarlo. Porque entre sus sueños y aventuras se desvelaban abrazos y Ñiquiñaque enfermito de tanta poesía y tanto sueño y tanta agua y tanto monta, monta tanto, cayó rendido a sus brazos.

¿Calandraca?
Ñiquiñaque
MÁS

Y más que nada. Que si no me lo dices me lo creo y la líamos y nos perdemos entre besos y en abrazos. Y esto es pura ilusión, entre charcos de palabras y abracadabara que aquí estoy, a tú ladito. Pues ya sabes, no te vayas, deja el coche ahí aparcado, Ñiquiñaque, que lo vea y me lo crea.

Y se cierra el telón de los sueños y se abre el espejo de momentos y recuerdos y futuros y ya está. Que en esta aventura se colaron sin llamar, Ñiquiñaque y Calandraca, desde la orilla hasta el mar.




domingo, 29 de noviembre de 2009

CHABUCA GRANDA

Los sueños tienen la importancia que les demos según sean recordados o no. Hay sueños soñados que se escuhan como susurros en la mañana y sueños vividos a los que no hacemos el caso que debemos. Cardo o ceniza, dice Chabuca en su canción, y yo sueño con que sea real y la veo cerca, mi corazón.y la sed que me quema. Y es que en los sueños, tanto de vida y canción, esos gemidos y esos gritos, tanto de amor y avergonzada. ¿Qué le vamos a hacer? Voces quebradas, priapismos y yo qué sé que más de todo y nada. Pues soñando y viviendo se pasa el rato y vemos lo que queremos y no queremos soñar lo que vivimos. Y hay pesadillas, las menos y mentiras, las más o menos nada. Y nunca terminaré de entender si lo que vives es lo que quieres o quieres vivir lo que no sueñas o deseaste que así fuera. Mejor no mirar, no verlo y despertar y darte cuenta de que el tiempo que soñaste haber vivido no fue más que el que perdiste despertando.

Prima, mucho que decir y que escribir desde Macondo. Volveré y nos encontraremos con la ahora Lhamo Tsering, en el camino del Dharma, hasta su despertar, que será el nuestro.

lunes, 16 de noviembre de 2009

A MI-GO

Pues eso, ¿cómo es la vida?, de colores. Guayaquil. Un vuelco y nada más que hacer, empezar, continuar, seguir creciendo. Tan llenos de luz y tan vacíos de pasado. Por ti, por mi, por si acaso. Entropía y vendedores de pasiones que en este absurdo se vuelven grandes señores de las palabras. Seis vivencias, tres capítulos, cuatro tés, algún cigarro y amanece en Madrid, de nuevo. Desde tiempos de Galileo no se sucedieron estrellas más brillantes en mi cielo. Pues eso, ¿cómo es la muerte?, de colores a-mi-go.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

ENTROPÍA

En este conticinio, me desato, me arrebato, me delezno en las palabras.

Desaparecerá diciembre.

Ahí va tu fábula:

Cada vez que abría la puerta se colaba una idea por su ventana. Si cerraba la ventana, por la puerta se colaban sentimientos. Así es que decidió vivir en un piso interior, opaco, con acceso desde ninguna parte. En su casa, diáfana y con terrazas, colgó un cartel: se vende por si acaso.

ANTIGUA


E.P

Llego desde Atitlán. ¿Tú no estabas en México? Sí, pero cambié de planes. Alguien me trajo hasta aquí. ¿Alquien? Sí, tuvieron la culpa unos versos que leí en San Cristobal, ¡ah!, y tus cuentitos, escritor de brevedades. Luego vuelvo, lindo y querido, hay tiempo. Este país aun llora su miseria. Guate-Guate. Pues me subo. Yo me bajo aquí, conducen como locos y paso de más adelantamientos suicidas. ¿Cuánto queda para Antigua? Pues eso, una eternidad y yo con el estómago vacío. Unos tamales y tirando, que se nos hace de noche. Increíble, hemos llegado. Me quedaría aquí varios meses, hay tanto que hacer en ti, ciudad. Todo está como lo dejaron. Mira, suena música por aquella esquina, y por aquella y por esta otra. En esta plaza me siento como en casa. Este hotel me viene bien. Precioso, mira qué patio, qué flores. Paseito nocturno. Ve con cuidado. Cena. ¿Y tú qué haces aquí, no tenías que estar en México? Ya, es que me desvié unos kilómetros y crucé la frontera. Cómo has cambiado. Yo también. Mira este edificio y el otro y aquel. Dibuja una estrella, ahí, junto a ese arco. Me rodean volcanes. Popocatepec, qué bien lo aprediste. No, este es otro, Pacaya, rojo y furia entre nieblas y piedra negra. Estamos en Antigua, no lo olvides. Monterroso, seré como tú, cruzaré frontera y me quedaré aquí. Tengo algo de Maya, ¿qué no? Yo por el norte, tú por el sur. Luego no exiliamos al D.F. Ese niño tiene hambre y ese otro y aquel. Quiero quedarme aquí. Cuéntame un cuento, va, de esos breves. El tiempo se ha parado. Este año no habrá invierno, ni otoño. En Guatemala. Ahí te envío unos cuantos:

AUGUSTO MONTERROSO

martes, 3 de noviembre de 2009

DE RÍO A SAO LUIS

Gran ciudad, decadente. Olímpica. Ganadora. Los cariocas son increíbles, amables y hospitalarios. Sucede que me he enamorado de tus barrios: Ipanema, Copacavana, Leblón, Botafogo, Lapa y especialmente de Santa Teresa que tanto me recordó a mi Alfama. El Morro de Urca, el Pao de Açucar y el Cristo de Corcovado, desde estos lugares es imposible no quererte, a tus playas, a tus barrios agolpados entre montañas y mezclados con lujo y miseria. Las Favelas: haciéndose fuertes entre grandes edificios de oficinas y mezclando de colores los verdes paisajes de Río, escalando entre el lujo y la miseria. ¿Que me llevas a ver una? No, bonito, yo no he venido aquí a eso. Mezcla de razas y un gran abanico de olores y colores. El océano te invade, Río, y Río me atrapa, me empapa de dulce cachaça. Menuda resaca. Ayer tomamos mucho en la Laranja. Y te compro el Quijote en portugués, que sé que te gusta. Más a mi y no pienso hacer el calambur que esperas. Y el que espera, desepera. Sé que tengo que volver. Te siento mía, Río. Otro avión. Inmenso país. Sao Luis. En busca del rayo verde. Un día más. ¿Café? Está cerrado. ¿Cafetinho? Te acompaño. Te enseño la ciudad. Samba y más samba. Mejor no hablamos. ¿De qué? De nada. De que viviría aquí. Hola. Mezcla de raices. Te huelo, Amazonas, te siento en Belem. ¿No hablamos? Bailamos y esperamos a la luna. Aquí, impresionante. ¿Te parece? Te pareces a mi alma. África. Brasil. Y llego al Paraíso. Aquí empezó todo, seguro. La luz me ciega. Tu manto blanco, entre lagunas turquesas. Sahara, te recuerdo desde aquí, pero esto es increíble. No te pongas celosos. Rodamos y rodamos y rodamos y rodamos y nos empapamos en esta maravilla. No tengo palabras para describirte, no tengo fotos para recordarte, te guardo aquí, en mi alma. Me has cambiado, Maranhao. ¿Y ahora a dónde voy yo? La cruz del Sur. La estrella Polar. Un trillón de estrellas, desde un barco. Esto no está mal. Gracias, Brasil. Volveré a por lo que me dejé.

SMARA


E.P

Atardece en Ifni. Un camello se cruza en el camino. Una gasolinera abandonada y el depósito alarmante. Suerte Loca, eso sí. Y allí, junto al mar, sentimos el lamentar de todo un pueblo. Dormir acunados por las olas que rugen llevándose consigo, hacia dentro, muy adentro, los corazones de los que buscan mejores lugares con falsas esperanzas. Banderas absurdas, capitanes falsos y faros sin luz. Para qué. Kilómetros de playas hasta una frontera imaginaria en la que vivió un principito que tuvo que huir a las estrellas para buscar su lugar, sin saber que el lugar de los que huyen es su propia miseria. Por eso se quedaron ellos, los que pudieron. Los que no, luchan. Continuamos, más allá. Tierra de nadie, de olvidos y olvidados, lugares donde hay un único idioma y un lenguaje ambiguo y encerrado, secreto. ONU. En cada esquina, con el casco en su brazo, junto al arma. Alarma. ¿No estarán hablando de política? Los niños juegan al balón por las calles de Smara. Todo parece tan familiar. Lo fue. Lo olvidamos. Nadie quiere recordarlo. Para qué. Hammada. Inmensidad donde un día hubo mar. Controles militares. Trabajo. Pasaporte. Maletero. Vete a la mierda. Partido de fútbol, en la playa, sin distinciones. Atardece. Tan-Tan y a casa. Jalihanna, desde aquí no te olvidamos. Este años los reyes no vienen de Oriente.

SICILIA



E.P

En barco. Por la Eolias, desde el Tirreno. Palermo, bellísimo. Sobrevolarlo y sumergirse en su mercado, en sus calles, en sus miradores. Jugar a encontrarse en la cappella Palatina. En esos sitios no se corre. Lo sé, pero qué bien lo pasamos. Corleone, que me acuerdo de ti. En coche, qué locura, de arriba a abajo. Alrededor de un lago. Delfines saltando en Messina. Me enamoré de la primera, me sedujo la segunda y me volvió loca la tercera de tus partes, Coppola. A ver si se entera y no mete más la pata, capitán. Dieta mediterranea, de la buena. Belleza de tres culturas: viento de grecia, huracán de África, un soplo latino, ojos verdes, ardores del Etna. Rugidos y amenazas, aquí nos jugamos el tipo. ¿O no? Brucia la luna, volar en Vespa por Taormina - brucia la terra mia-al amanecer y marcharnos sin ver lo que estaba escrito. Bañarnos en un mar azul de piedras blancas, acantilados albinos. Preparar ñoquis mientras suena Mascagni, al anochecer. Perdernos y Palermo. Cenar en la playa. Me lo guardo para cuando volvamos e ju bruciu d’amuri

lunes, 2 de noviembre de 2009

LISBOA



E.P


Hoy me exilio a Lisboa. Yo no. Mi heterónimo. Y recorro las calles hasta Alfama y me siento en una terraza. Huelo el océano. En frente de mi un cartel en el que se anuncia La tempestad. Y recuerdo a Shakespeare y abro Othello. Y leo. To cool our raging motions. Comienza a llover. Me subo al 28. El Tajo. Me bajo. Ahí están sus sonidos. Los de Lisboa. Cierro los ojos. Yo no, lo olvidaba, mi heterónimo. Pessoa me susurra y Saramago me canta Ergo uma rosa, um corpo e um destino. Y me acuerdo de la Pagés. ¿Una lágrima? No, llueve en Lisboa. Y camino por una calle ancha y me cruzo por una estrecha y me encuentro conmigo, y me sonrío y me respondo con una mueca y corro como una niña desde Chiado. Me gusta esta ciudad. Decadente. Sé que a ti te gustaría. A ver si me encuentras. Al Viejo Estilo, pero sin pianista. Mi alter ego debe de andar perdido, por Belem, sentado junto a un muelle. Esperando. Y nos volvemos a encontrar. En plan Casablanca. Tu Rick y yo Elsa. Nunca haces planes con tanta antelación. Lo sé. Yo tampoco. Perdiste el avión, a mi me llevan sí o sí. Somos lo que nosotros mismos hemos decidido ser, lo dijo un inglés allá por el diecisiete. Vale, me quedo y cogemos el siguiente vuelo. Nada de nieblas ni de polis bajitos. Tu documetación, ah, ¿qué no tienes? Pues nos quedamos aquí a vivir. Un siglo puede ser suficiente, ¿te parece? Y desaparece, mi otro yo.

UN SEGUNDO

Cada segundo contó desde el primer minuto que viví a su lado. El tiempo no se detuvo y mi delicada memoria empezó a sellarse en sus palabras: una tras otra, vaivén de tic tacs con extrañas armonías que se remontaban a silencios y besos en un péndulo de caricias. Sentí miedo de sus segundos y decidí abandonar los días a su lado. Todo se detuvo y olvidé que el tiempo no puede contarse en tan poco espacio. Silencio.

Minutos llenos de lágrimas e impotencia y el teléfono sonó por última vez: Soy yo. ¡Era él!. El gris de sus recuerdos pulsó la tecla equivocada, o no.

Ahora, cuando el tiempo ha vuelto a sucederse en mi día a día, sé que una corta llamada sin respuesta es el mejor silencio.

BOVARIADAS

Cuando era una niña, mi abuela solía sentarme en sus rodillas y recitarme versos de niña.


Ahora, con el tiempo,
Ahora, con la vejez,
Ahora, en la enfermedad, mi abuela tiene rodillas ancianas y sus versos son lamentos.

Pero yo, ya menos niña y menos cuerda, tengo lamentos en mis versos y palabras mal sentadas.

Sucede que no quiero conocer a nadie,
Sucede que sé dónde encontrarte,
Sucede que ya no sucede más que lo que sucede en estos versos, en tus versos.

Cuando era una niña, mi abuela solía contarme que las estrellas se tocan y pueden ser robadas por niñas que sueñan ser niñas en versos que saben a verso.

Hoy, me gritan heraldos negros, mi Vallejo, desde tus rodillas. Me hablan de tu culpa empozada en tus ojos.

Prefiero ser niña y prefiero a mi abuela.

Usted disimule- me dijo.

Vale.

domingo, 1 de noviembre de 2009

ME ABURRÍ

Llega el momento en que una se cansa. Pues sí, se cansa o se aburre o sanseacabó. Y es que los cambios, vengan de dónde vengan, siempre son buenos o mejores. Se cambia de peinado, de casa, de coche, de ropa, de idea, se vuelve a cambiar. Y es que te cansas o te aburres tantas veces...


Y te cuento que sí, que me aburro pronto de algunas cosas.

Me aburro de la monotonía y de la simpleza de algunas situaciones o personas y lucho por no llegar a aburrirme de mi misma, díficil, a veces.

Me aburre la ciudad pero no puedo vivir sin mi Madrid. Me aburren las tiendas, la televisión, la gentuza, a veces la gente, pero no puedo vivir sin mis amigos y creo que ellos, a veces, me necesitan (aunque otras muchas les aburra). Me aburre hablar de dinero, me aburre hablar a quienes nunca entienden o quieren entender. Me aburren los hombres predecibles y los impredecibles terminan por resultarme aburridamente encantadores. Me aburren las cosas en su sitio y me aburren los sitios que ya hayan sido descubiertos por unos cuantos. Me aburren los anuncios, levantarme a la misma hora cada día, esperar. Me aburre La Sombra del Viento (lógico) y otros tontos, perdón, tantos. Me aburre el fútbol, me aburre la indecisión de los indecisos y la seguridad de los seguros. Me aburre el aburrimiento y el que no piensa más que en no aburrirse.

De lo que jamás me aburriré: de escuchar el mar, de ver reir a un niño, de una buena conversación con buenos amigos y una copita, de leer a gente inteligente, de la música, de pensar, de escribir, de hablar conmigo misma, de volar, de mi Valverde, de los que quiero, de una buena peli y de un libro de verdad.

Y lo dejo, por no aburrir. Y quien se aburra, que no lea, ea.

martes, 27 de octubre de 2009

A MI TAPICERO PREDILECTO

Querido tapicero:

Este año no quiero que me tapice las sillas. Tengo un sillón viejo, de mi abuela, que me gustaría llenarlo de flores verdes. He pensado que sería una buena idea. Sí. Y se me ha ocurrido a mi solita, lista que es una.

Por eso, cada vez que vea usted una flor, guárdela y riéguela, que tiene que dejarme el sillón como un jardín.

Le aclaro que me gustan las fores blancas, con hojas verdes. Sin espinas si son rosas, por favor. No quiero sentarme y llenarme de pinchos y quejidos.

No sé si estará usted de acuerdo. Espero que el presupuesto no pase de la cifra de la que hablamos el año pasado, cuando me tapizó las sillas de mi tía con versos de Vallejo. Aún las tengo, alrededor de la mesa de comedor, repletas de heraldos negros.

A la espera de sus noticias me sentaré en el suelo.

Atentamente,

una imbécil soñadora



p.s. envío esta carta como el que envía un suspiro ya que cambia usted de dirección a menudo.

SOL SAL

Portada del periódico nacional de mayor tirada: hoy ha salido el sol, como cada día.


Y es que deberíamos dedicarnos a observar este fenómeno más amenudo.

Este verano, dado que gozo del privilegio bien merecido (no voy a entrar en discusión) de tener dos meses de vacaciones, he dedicado, desde distintos lugares del pequeño planeta tierra, un tiempo casi diario a ver atardecer. El sol no se oculta igual desde Brasil que desde Formentera o Cáceres y Portugal. Y en cada uno de estos sitios, a su vez, es diferente verlo solo, acompañado, acompañado y solo o solo y acompañado. Del mismo modo, el sol es otro sol si se mira con tristeza o alegría, en silencio o en la más profunda de las conversación, desde la proa de un barco o desde un acantilado. Siempre cambia, siempre es distinto y es que, como cada día, el sol se marcha con un millón de nostalgias y un centenar de sueños e ilusiones por volver a despertar.

Buscar el rayo verde..., aún no lo he encontrado.

Dediquémonos a decirle adios, que los holas implican romper un descanso repleto de memoria.

Este es un adios distinto.


E.P

domingo, 25 de octubre de 2009

LA LUNA LUNERA

La Luna estaba llena de sorpresas. Redonda. Casi podía tocarla.


- ¿Luna?

- Lunera


La Luna bajó hasta la orilla y comenzó a menguar en el agua. Chiquitita, chapotea, la Luna Lunera.



La Niña, perdida y sola, se acerca hasta la Ola y salta hacia la Luna.



- ¡Luna!

- ¿Niña?

- ¡Hola, Luna Lunera!- gritó la Niña marinera



Y el Atún de Barbate que quería ser Bonito salió del agua al oirla. Quería jugar con la Niña y con la Luna Lunera. Saltó, bailó y se escurrió hasta la orilla y, otra vez, con la Luna y con la Niña, vuelta a ser Atún.



- ¡Atún!

- ¿Niña?

- Luna



Y la Luna de Barbate, la Niña Bonita y el Atún Lunero se lo pasaron en grande con las estrellas del cielo.

a Jimena

sábado, 24 de octubre de 2009

BOVARIADAS: UTILIZAR EN CASOS DE EXTREMA NECESIDAD

Desde hace años recibo "la palabra del día", etimología e historia de las palabras de la mano de Ricardo Soca . Desde hace años me siento atraída por esas palabras divertidas y curiosas, bien por su etimología o significado o por el uso correcto o no que de ellas hacemos; o bien por su sonoridad y alegría. Culpables de todo esto, Julio y Leonardo Gómez Torrego (gracias a ambos), sin olvidar, por supuesto, al culpable de cada una de estas y otras muchas bovaridas que desde hace años escribo: Manuel Artigot Ramos (muchos te recordaremos siempre, ¿hay conexión a internet en el cielo?), sin duda una de las personas qe más confió en mí y se empeñó en hacerme una cuentista de cuidado.

Esta recopilación de palabras son las que voy desubriendo y redescubriendo en libros y lecturas unas veces, otras me las envía Miguel Sosa, otras aparecen en las muchas conversaciones con amigos y en noches de risas, la mayoría son fruto de la curiosidad. Fue idea de Miguel reunirlas todas. Cada una tiene o tendrá su significado y su lugar en este blog.

Espero que disfrutéis con las absurdeces y demás bovariadas. Yo, entre tanto, seguiré viviendo del cuento.

Vale

viernes, 23 de octubre de 2009

POR SER COMO SON...

La entrada con más acepciones
mano1.(Del lat. manus).
1. f. Parte del cuerpo humano unida a la extremidad del antebrazo y que comprende desde la muñeca inclusive hasta la punta de los dedos.
2. f. En algunos animales, extremidad cuyo dedo pulgar puede oponerse a los otros.
3. f. En los animales cuadrúpedos, cualquiera de los dos pies delanteros.
4. f. En las reses de carnicería, cualquiera de los cuatro pies o extremos después de cortados.
5. f. Tipo de extremidad par cuyo esqueleto está dispuesto siempre de la misma manera, terminado generalmente en cinco dedos, y que constituye el llamado quiridio, característico de los vertebrados tetrápodos.
6. f. Trompa del elefante.
7. f. Cada uno de los dos lados a que cae o en que sucede algo respecto de otra cosa cuya derecha e izquierda están convenidas. La catedral queda a mano derecha del río.
8. f. Manecilla del reloj.
9. f. Instrumento de madera, hierro u otra materia, que sirve para machacar, moler o desmenuzar una cosa.
10. f. Rodillo de piedra que sirve para quebrantar y hacer masa el cacao, el maíz, etc.
11. f. Capa de yeso, cal, color, barniz, etc., que se da sobre una pared, un mueble, un lienzo, etc.
12. f. En el obraje de paños, cardas unidas y aparejadas para cardarlos.
13. f. En el arte de la seda, porción de seis u ocho cadejos de pelo.
14. f. Entre tahoneros, número de 34 panecillos que componen la cuarta parte de una fanega de pan.
15. f. Conjunto de cinco cuadernillos de papel, o sea, vigésima parte de la resma.
16. f. Lance entero de varios juegos. Vamos a echar una mano de dominó, de ajedrez.
17. f. En la caza, cada una de las vueltas que dan los cazadores reconociendo un sitio para buscarla.
18. f. Vuelta que se da a algo para su perfección o enmienda. Se dio la última mano.
19. f. Número de personas unidas para un trabajo.
20. f. Medio para hacer o alcanzar algo.
21. f. Persona que ejecuta algo. En buenas manos está el negocio. De tal mano no podía temerse mal éxito.
22. f. intervención (‖ acción y efecto de intervenir). Aquí se ve la mano de Dios.
23. f. Habilidad, destreza.
24. f. Poder, imperio, mando, facultades. Dar, tener mano.
25. f. Patrocinio, favor, piedad.
26. f. Auxilio, socorro.
27. f. Reprensión, castigo. Sobre esto le dio el prelado una mano.
28. f. coloq. Tunda, zurra. Mano DE azotes, DE coces.
29. f. Constr. Cada uno de los asideros que se dejan en los paramentos de un sillar para poder levantarlo con facilidad, y que se cortan después de sentado.
30. f. Cuba y Ven. Conjunto de plátanos que quedan unidos por un extremo luego de ser separados del racimo.
31. f. Cuba. Cantidad grande de personas, animales o cosas aglomeradas en un lugar. Mano de gente.
32. f. Guat. y Hond. En un mercado, conjunto de cinco frutas o verduras.
33. f. ant. Garra del ave de rapiña.
34. f. ant. Palmo menor.
35. f. pl. Trabajo manual que se emplea para hacer una obra, independiente de los materiales y de la traza y dirección.
36. com. En el juego, el primero en orden de los que juegan. Yo soy mano.


Por ser la última palabra de el Quijote:
vale.(Del lat. vale, consérvate sano, 2.ª pers. de sing. del imper. de valēre, estar sano).
1. interj. U. alguna vez para despedirse en estilo cortesano y familiar.
2. m. desus. Adiós o despedida que se da a un muerto, o el que se dice al remate o término de algo. Vale último, postrero.

Porque es un estado de ánimo:
macondo.
1. m. Col. Árbol corpulento de la familia de las Bombacáceas, semejante a la ceiba, que alcanza de 30 a 40 m de altura.


Por ser la definición menos poética:
poesía.(Del lat. poēsis, y este del gr. ποίησις).
1. f. Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.
2. f. Cada uno de los géneros en que se dividen las obras literarias. Poesía épica, lírica, dramática.
3. f. por antonom. poesía lírica.
4. f. Poema, composición en verso.
5. f. Poema lírico en verso.
6. f. Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje.
7. f. Arte de componer obras poéticas en verso o en prosa.

Porque no debería existir:
pobreza.(De pobre).
1. f. Cualidad de pobre.
2. f. Falta, escasez.
3. f. Dejación voluntaria de todo lo que se posee, y de todo lo que el amor propio puede juzgar necesario, de la cual hacen voto público los religiosos el día de su profesión.
4. f. Escaso haber de la gente pobre.
5. f. Falta de magnanimidad, de gallardía, de nobleza del ánimo.

Porque no podría vivir sin ella:
música.(Del lat. musĭca, y este del gr. μουσική).
1. f. Melodía, ritmo y armonía, combinados.
2. f. Sucesión de sonidos modulados para recrear el oído.
3. f. Concierto de instrumentos o voces, o de ambas cosas a la vez.
4. f. Arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente.
5. f. Compañía de músicos que cantan o tocan juntos. La música de la Capilla Real.
6. f. Composición musical. La música de esta ópera es de tal autor.
7. f. Colección de papeles en que están escritas las composiciones musicales. En este escritorio se guarda la música de la capilla.
8. f. Sonido grato al oído. La música del viento entre las ramas. La música del agua del arroyo.
9. f. irón. Ruido desagradable.

Por ser tan buena conmigo:
abuelo, la.(Del lat. vulg. *aviŏlus).
1. m. y f. Respecto de una persona, padre o madre de su padre o de su madre.
2. m. y f. Persona anciana.
3. m. En la lotería de cartones, número 90.
4. m. Cada uno de los mechoncitos que tienen las mujeres en la nuca, y que quedan sueltos cuando se atiranta el cabello hacia arriba. U. m. en pl.
5. m. vulg. Ál. Vilano del fruto de ciertas plantas, especialmente si es grande y de filamentos suaves.
6. m. pl. El abuelo y la abuela.
7. m. pl. Antepasados de una persona

Por original:
ñ.
1. f. Decimoséptima letra del abecedario español, que representa un fonema consonántico de articulación nasal y palatal. Su nombre es eñe.

Para que no lo olvidemos:
humor.(Del lat. humor, -ōris).
1. m. Genio, índole, condición, especialmente cuando se manifiesta exteriormente.
2. m. Jovialidad, agudeza. Hombre de humor.
3. m. Disposición en que alguien se halla para hacer algo.
4. m. Buena disposición para hacer algo. ¡Qué humor tiene!
5. m. humorismo (‖ modo de presentar la realidad).
6. m. Antiguamente, cada uno de los líquidos de un organismo vivo.
7. m. Psicol. Estado afectivo que se mantiene por algún tiempo.

Por estar siempre ahí y ser tan valiente:
madre.(Del lat. mater, -tris).
1. f. Hembra que ha parido.
2. f. Hembra respecto de su hijo o hijos.
3. f. Título que se da a ciertas religiosas.
4. f. En los hospitales y casas de recogimiento, mujer a cuyo cargo está el gobierno en todo o en parte.
5. f. Matriz en que se desarrolla el feto.
6. f. Causa, raíz u origen de donde proviene algo.
7. f. Aquello en que figuradamente concurren algunas circunstancias propias de la maternidad. Sevilla es madre de forasteros. La madre patria.
8. f. Cauce por donde ordinariamente corren las aguas de un río o arroyo.
9. f. Acequia principal de la que parten o donde desaguan las hijuelas (‖ canales que conducen el agua desde una acequia).
10. f. Alcantarilla o cloaca maestra.
11. f. Heces del mosto, vino o vinagre, que se sientan en el fondo de la cuba, tinaja, etc.
12. f. Madero principal donde tienen su fundamento, sujeción o apoyo otras partes de ciertas armazones, máquinas, etc., y también cuando hace oficio de eje. Madre del cabrestante, del timón, del tajamar.
13. f. coloq. Mujer anciana del pueblo.
14. f. Mar. Cuartón grueso de madera que va desde el alcázar al castillo por cada banda de crujía.