jueves, 25 de febrero de 2010

47.

linyera.(Del it. lingera).

1. f. Arg. y Ur. p. us. Atado en que el vagabundo guarda su ropa y otros efectos personales.
2. com. Arg., Bol. y Ur. Persona vagabunda, abandonada, que vive de variados recursos.

Poco me hace falta para vivir rico y pobre de nada y de todo. Y siendo así un linyera, contigo pan y cebolla, que lo que más falta me hace es lo poco que me falta para que me hubieras querido y con eso, y con todo lo que tengo, pobre me siento y desde el otro lado vivo del recuerdo y del recurso.

miércoles, 24 de febrero de 2010

46.

galimatías. (Del fr. galimatias, discurso o escrito embrollado, y este del gr. κατὰ Ματθαῖον, según Mateo, por la manera en que este evangelista describe la genealogía que figura al comienzo de su Evangelio).

1. m. coloq. Lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas.
2. m. coloq. Confusión, desorden, lío.

"Como no le melga nada que la contradigan, la señora Fifa se acerca a la Tota y ahí nomás le flamenca la cara de un rotundo mofo. Pero la Tota no es inane y de vuelta le arremulga tal acario en pleno tripolio que se lo ladea hasta el copo.
-¡Asquerosa! –brama la señora Fifa, tratando de sonsonarse el ayelmado tripolio que ademenos es de satén rosa. Revoleando una mazoca más bien prolapsa, contracarga a la crimea y consigue marivolarle un suño a la Tota que se desporrona en diagonía y por un momento horadra el raire con sus abroncojantes bocinomias. Por segunda vez se le arrumba un mofo sin merma a flamencarle las mecochas, pero nadie le ha desmunido el encuadre a la Tota sin tener que alanchufarse su contragofia, y así pasa que la señora Fifa contrae una plica de miercolamas a media resma y cuatro peticuras de ésas que no te dan tiempo al vocifugio, y en eso están arremulgándose de ida y de vuelta cuando se ve precivenir al doctor Feta que se inmoluye inclótumo entre las gladiofantas.

-¡Payahás, payahás! –crona el elegantiorum, sujetirando de las desmecrenzas empebufantes. No ha terminado de halar cuando ya le están manocrujiendo el fano, las colotas, el rijo enjuto y las nalcunias, mofo que arriba y suño al medio y dos miercolanas que para qué.

-¿Te das cuenta? –sinterruge la señora Fifa.

-¡El muy cornaputo! –vociflama la Tota.

Y ahí nomás se recompalmean y fraternulian como si no se hubieran estado polichantando más de cuatro cafotos en plena tetamancia; son así las tofifas y las fitotas, mejor es no terruptarlas porque te desmunen el persiglotio y se quedan tan plopas."

Julio Cortázar. La inmiscusión terrupta (Úlimo round)


"Brillaba, brumeando negro, el sol,
agiliscosos giroscaban los limazones

banerrando por las váparas lejanas,

mimosos se fruncían los borogobios

mientras el momio rantas murgiflaba.

–Con eso basta para empezar– interrumpió Humpty Dumpty– que ya tenemos ahí un buen montón de palabras difíciles: eso de que “brumeaba negro el sol” quiere decir que eran ya las cuatro de la tarde…, porque es cuando se encienden las brasas para asar la cena.

–Eso me parece muy bien –aprobó Alicia– pero, ¿y lo de los “agilisco- sos”?"

Lewis Carroll, Alicia a través del espejo

45.

rigodón. (Del fr. rigaudon y rigodon).

1. m. Cierta especie de contradanza.
2. m. Filip. Acto presidencial en el que se cambia de puesto a un político criticado en lugar de destituirlo.

"Cortés, para hacerles sentirse cómodos, el bibliotecario cuáquero ronroneó:
- Y tenemos, no es así, esas páginas inapreciables de Wilhelm Meister. Un gran poeta sobre un gran poeta hermano. Un alma vacilante alzándose en armas contra un mar de obstáculos, desgarrada por dudas discrepantes, como se ve en la vida misma.
Dio un paso de rigodón al frente sobre cuero chirriante y un paso de rigodón atrás en el suelo solemne.
Un ayudante sin hacer ruido entreabiendo la puerta un poco le hizo una seña sin hacer ruido.
- Inmediatamente, dijo él, chirriando para irse aunque rezagándose. El bello soñador ineficaz que naufraga despedazándose cotra la dura realidad. Uno siempre sabe que los juicios de Goethe son tan erdaderos. Verdaderos en un análisis global."

James Joyce. Ulises

44.

chisguete.(Voz imit.).

1. m. coloq. Trago o corta cantidad de vino que se bebe.
2. m. coloq. Chorro fino de un líquido cualquiera que sale violentamente.

"Si tenía cerca a doña Isabel, la auxiliar, ésta sacaba de su chaqueta, colgada en el perchero, su inhalador y Garibay abria la boca, como un pollezno, y se dejaba chisgueterear."

Roberto Bolaño, 2666

43.

añagaza. (Del ár. hisp. annaqqáza, señuelo, y este del ár. clás. naqqāz, pájaro saltarín).

1. f. Artificio para atraer con engaño.
2. f. Señuelo para coger aves. Comúnmente es un pájaro de la especie de los que se trata de cazar.

"- Ninguna importancia -dijo Morelli-. Mi libro se puede leer como a uno le de la gana. Liber Furgularis, hojas mánticas y así va. Lo másque hago es ponerlo como a mí me gustaría releerlo. Y en el peor de los casos, si se quivocan, a lo mejor queda perfecto. Una broma de Hermés Pakú, alado hacedor de triquiñuelas y añagazas. ¿Le gustan esas palabras?
- No- dijo Oliveira-. Ni triquiñuela ni añagaza. Me parecen bastante podridas las dos"

Julio Cortázar. Rayuela

martes, 23 de febrero de 2010

42.

busilis.(Del lat. in diebus illis, mal separado por un ignorante que dijo no entender qué significaba el busillis).

1. m. coloq. Punto en que se estriba la dificultad del asunto de que se trata.

"Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba «la ínsula Barataria», o ya porque el lugar se llamaba «Baratario» o ya por el barato con que se le había dado el gobierno. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del pueblo a recebirle, tocaron las campanas y todos los vecinos dieron muestras de general alegría y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria.

El traje, las barbas, la gordura y pequeñez del nuevo gobernador tenía admirada a toda la gente que el busilis del cuento no sabía, y aun a todos los que lo sabían, que eran muchos."
 
Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de La Mancha.

41.

brujulear.(De brújula).

1. tr. coloq. p. us. Descubrir por indicios y conjeturas algún suceso o negocio que se está tratando.
2. tr. desus. mirar por brújula.
3. intr. Buscar con diligencia y por varios caminos el logro de una pretensión.
4. intr. Andar sin rumbo fijo.
5. intr. Nic. Hacer negocios turbios.

Y salió del riad en el que se alojaba con la cabeza despejada de sueños y el estómago asentado tras un desayuno ligero, dispuesto a brujulear por aquella ciudad en la que todo parecía sacado de la pluma de Carroll. Al cruzar la calle, un conejo blanco desapareció tras el chaflán de un edificio de adobe. No dudó en seguirlo y se topó con la rojiza muralla que rodeaba la bulliciosa medina. En ella descubrió un cuadrado pintado sobre el adobe. Una suave brisa abrió en dos partes simétricas aquello que resultó ser un misterioso ventanuco. Logró atravesarlo y encontró que, tras sus pasos hacia aquella ciudad sumergida en el misterio, se alzaba su pasado: el conejo jugaba a la brisca con su yo niño, al que reconoció por la camiseta roja con un dibujo de Vicky el Vikingo. No podía articular palabra. El viento cerró la ventana a la realidad con un fuerte golpe que llevó al niño y al conejo a descubrirle, cual pasmarote, junto a los cristales rotos.

Se desplomó y al despertar su cuerpo había mermado y Vicky el Vikingo miraba desde su pecho la ciudad de Marrakech.


lunes, 22 de febrero de 2010

40.

buzaque. (Quizá del ár. hisp. [a]bu záqq, el del odre).

1. m. beodo.

CRISTINA: Pues, ¿quiérole yo, mezquina,
                    o, por ventura, hago caso
                    yo de buzaque?

TORRENTE:Hablad paso;
                    moderad la voz, Cristina
                    que no sabéis quién os oye,
                    y haced con prudencia diestra
                    que la humilde suerte vuestra
                    con la que tengo se apoye,
                    y veréisos encumbrada
                    sobre el cerco de la luna.

 Miguel de Cervantes Saavedra. La Entretenida

39.

anomia. (Haplología de an-1 y el gr. ὄνομα, nombre).

f. Med. Trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre.

Y debo de tener anomia porque ya no te llamo ni por tu nombre.

38.

alacridad. (Del lat. alacrĭtas, -ātis).

1. f. Alegría y presteza del ánimo para hacer algo.

Aquella noticia de aquella mañana de febrero, lluviosa como tantas otras, llenó su espíritu de alacridad y renovada juventud y una fuerza le empujó a pintar de colores los bolardos de la calle Santa Isabel: unos rosas, otros amarillos, algunos azules y todos repletos de tanto de los dos. Un único objetivo: alegrar las puertas de aquel cine que no es lo que fue y en el que un día vieron juntos las peripecias de Buster Keaton, acompañados de un pianista, desde la fila trece.

domingo, 21 de febrero de 2010

¿LA RAZÓN?


"Somos lo que nosotros mismos hemos decidido ser. La voluntad es jardinero de nuestro cuerpo, de nuestro jardín. Podemos plantar ortigas o lechugas; sembrar hinojo o escardar tomillo; eschar ua sola clase de semilla o arruinarlo con muchas; podemos dejarlo estéril o hacerlo fructífero con nuestro tesón...

Depende solamente de nosotros mismos. ¡Es nuesto priviliegio! ¡El de nuestra voluntad! Si en las balanzas de nuestras vidas la razón no sirviera de contrapeso a las pasiones, la bajez del natural instinto nos haría cometer los mayoes despropósitos... Para eso está la cabeza, para controlar los impulsos, para frenar la urgencia de la carne, la lujuria salvaje, eso que tú llamas amor y que de él no es sino esqueje o accidente." Shakespeare. Othello

"Porque llegado el día en que un deseo concuerde enteramente con la razón, entonces, porsupuesto, razonremos y no desearemos, porque es a todas luces imposible desear lo que no es sensato, lo que va encontra de la razón y redunda en nuestro propio perjuicio... Y cuando toda razón y todo deseo puedan, en efecto, ser calculados (porque algún dia se descubrirán las leyes de nuestro así llamado libre albedrío), se podrá elaborar una especie de tabla matemática, de modo que nuestros deseos se ajusten en todo punto a ella..." Dostoyevski. Apuntes del subsuelo

37.

réspice. (Del lat. respĭce, imper. de respicĕre, mirar).

1. m. coloq. Respuesta seca y desabrida.
2. m. coloq. Reprensión corta, pero fuerte.

"He disfrutado mucho con esta obra de teatro..., especialmente en el descanso." Groucho Marx

36.

cáliga. (Del lat. calĭga).

1. f. Especie de sandalia guarnecida de clavos que usaban los soldados de Roma antigua.
2. f. Cada una de las polainas que usaron los monjes en la Edad Media y posteriormente los obispos. U. m. en pl.


HELICÓN. ¿Y qué querías?

CALÍGULA (siempre con naturalidad). La luna.

HELICÓN. ¿Qué?

CALÍGULA. Sí, quería la luna.

HELICÓN. ¡Ah! (Silencio. Helicón se acerca.) ¿Para qué?

CALÍGULA. Bueno... Es una de las cosas que no tengo.
 
 
CALÍGULA (levantándose, pero con la misma sencillez). Tú no sabes nada.Las cosas no se consiguen porque nunca se las sostiene hasta el fin. Pero quizá baste permanecer lógico hasta el fin. También sé lo que piensas. ¡Cuántas historias por la muerte de una mujer! Pero no es eso. Creo recordar, es cierto, que hace unos días murió una mujer a quie yo amaba. ¿Pero qué es el amor? Poca cosa. Esa muerte no significa nada, te lo juro; sólo es la señal de una verdad que me hace necesaria la luna. Es una verdad muy simple y muy clara, un poco tonta, pero difícil de descrubrir  y pesada de llevar. 

HELICÓN. ¿Y cuál es la verdad?"


Albert Camus, Calígula

SE ALQUILA POR SI ACASO

"...las atracciones entre las personas, cuando son irresistibles, tienen su raíz en una existencia anterior." Gustave Flaubert. Madame Bovary

Y concluyó el principio del formulario y se cerraron las ventanas de la que había sido su casa durante más de veinte años. Nunca hubo persianas y les costó elegir las cortinas del salón. Pero entre plato y plato, el sexo se volvía cada día más hermético. Se olvidaron de dingolondangos y llenaron las paredes de ofensas. Una gota de licor había dejado una mancha, junto a la chimenea, que era imposible elimnar ni con el más eficaz de los limpiadores de manchas de licor. Esas no se olvidan tan fácilmente, se decía. Y el aburrimiento necesario pudo con ellos, con aquel lugar estrecho, con las paredes pintadas varias veces por el arrepentimiento y con las recetas de cocina repetidas. Y buscaron borrar la culpa de su monotonía en otras aficiones y volverse locos mutuamente. Y cayó el rayo en el mismo sitio, otra vez, y ocurrió lo que venía ocurriendo desde hacía ya muchos meses, ya tantos años y que era motivo de las frías camas y los tercos tragos de whisky, ocurrió que se puso en venta hasta el más ruin de los sentimientos y se alquilaron las pasiones al mejor postor. Todo por si acaso.

35.

cenotafio. (Del lat. cenotaphĭum, y este del gr. κενοτάφιον, sepulcro vacío).

1. m. Monumento funerario en el cual no está el cadáver del personaje a quien se dedica.

No hubo muerto hasta que no llegó el día en que la distancia se cruzó con la memoria de todas las barbaridades que habían acacido en las vidas de las muchachas que con él habían yacido. A pesar de que no sonó Wagner en su funeral, algunos decidieron levantar un cenotafio en su memoria para recordar que la soledad es fruto de una merecida carrera hacia la vanidad.

sábado, 20 de febrero de 2010

34.

undoso. (Del lat. undōsus).

1. adj. Que se mueve haciendo olas.

Los cuerpos naufragaron en las tempestades de la memoria y los que un día navegaron en su vientre no supieron rescatar lo poco que quedó de la quilla partida en mil pedazos de madera podrida por la veleidad de sus palabras.

33.

contumelia. (Del lat. contumelĭa).

1.f. Oprobio, injuria u ofensa dicha a alguien en su cara.

Como no hubo contumelia, el rencor se evaporó y cayeron en la contumacia de días pasados.

32.

trajinar.(Del lat. *tragināre, arrastrar).

1. tr. Acarrear o llevar géneros de un lugar a otro.
2. intr. Andar y tornar de un sitio a otro con cualquier diligencia u ocupación.

El rey de las gestiones se pasaba la vida trajinando de acá para allá sin hallar solución a los problemas que le encomendaba su suerte. El primero de todos era no tener quien le acompañara en sus trajines; el segundo, saber de antemano que trajinaría más de lo que necesitaba; y por último, imaginarse que sin trajín y sin gestión sería un rey malavenido.

31.

caterva. (Del lat. caterva).

1.f. Multitud de personas o cosas consideradas en grupo, pero sin concierto, o de poco valor e importancia.

Y es que lo que se amontona deprisa y sin orden termina por ser un cúmulo de ideas que pesan tanto que se pudren en el subsuelo.
 
Cuando el hedor llega a los que aun están vivos de conciencia, se abren las ventanas del arte.
 
Yo me quedo en las profundidades del tedio.

30.

calipedia. (Del gr. καλλιπαιδία).

1. f. Arte quimérica de procrear hijos hermosos.

Y puso a todos sus hijos nombres breves para llamarles de una misma vez. No más de tres sílabas y cuarto y mitad de alegría y viveza.

29.

acerbo, ba. (Del lat. acerbus).

1. adj. Áspero al gusto.
2. adj. Cruel, riguroso, desapacible.

Dejando un acerbo sentimiento de ilusiones plagiadas cerró la puerta del coche y se alejó por aquel camino que le había llevado hasta allí, ilusionado por recuperar los pedazos de corazón que había dejado entre sus piedras.

viernes, 19 de febrero de 2010

28.

maniego, ga. (De mano).

1. adj. p. us. ambidextro, tra o ambidiestro, tra.

Era conocido por sus juegos de manos y desconocido por todo lo demás.

27.

cillero.(Del lat. cellarĭus).

1. m. Bodega, despensa o sitio seguro para guardar algunas cosas.
2. m. Hombre que tenía a su cargo guardar los granos y frutos de los diezmos en la cilla, dar cuenta de ellos, y entregarlos a los partícipes.

Llegado el verano y escondidos en la cilla, se cubrían las alegrías con los granos de trigo que, tras ser recolectados, asuraban sus cuerpos y alimentaban sus almas. Así, año tras año.

26.

azogue. (Del ár. hisp. assúq, este del ár. clás. sūq, este del arameo sūqā, y este del acadio sūqu[m], calle).

1. m. Plaza de algún pueblo, donde se tiene el trato y comercio público.

En el azogue, en la mañana siguiente a su despedida, buscaron la manera de cambiar su mercancía por pequeños fragmentos de realidad. Al no lograrlo, trataron de embarcarse en el sueño en el que se habían conocido pero ya era tarde para cambios y los intratables comerciantes de astucias se fueron con las manos vacías hasta el pueblo vecino. Allí lograrían engañar al tiempo, un martes de carnaval, vistiendo las máscaras de los que ya lo habían vivido casi todo. Se augura cuaresma.

FINALES


Me pregunto qué pasaría si cambiáramos el final de algunas historias. Qué pasaría si Elsa no sube a ese avión. Probablemente las historias de amor, en la realidad, se vieran avocadas a finales felices y los infelices no tendrían el argumento de esta película para concluir. Me pregunto qué pasaría si olvidáramos el final de tantos infelices que ahora no recuerdo. El final de ese libro terminado o los de todo lo que nunca comienza bien. Qué pasaría si no hubiera finales, sólo principios y continuará. Porque nos cuesta terminar, ¿por qué? Porquería. Los finales deberían ser puntos y a parte y no carreras hacia el desastre o el olvido. Y sin duda, sin finalizar lo que ahora escribo, no tendría sentido continuar mañana escribiendo y tampoco tendría inicio este final que se aproxima. Sin finales no hay memoria. Cada uno que se escriba el suyo y lo rotule como le venga en gana. Yo me quedo con la sesión continua.

jueves, 18 de febrero de 2010

I

Al llegar a I se despeja la mente y los colores inundan los inmensos valles que la cubren. El viajero debe llegar sin maleta, despojado de toda carga y dispuesto a tumbarse en su larga playa de arena blanca para esperar a la primera estrella. I es la ciudad de la libertad y el principio de todo viaje. Su atmósfera es limpia, tranquila y con un ligero aroma a jara y a tomillo. Miles de olivos se pierden en las laderas de sus montañas y  centenarias encinas observan el vuelo de los halcones. En I no hay construcciones que ganen terreno a la naturaleza. Una inmensa alfombra de margaritas cubre la entrada de un túnel repleto de luces blancas y cristales que repiten, una y otra vez, el ruido de las olas. I se deja arropar y acoge al viajero dejándole explorar sus caminos sin miedo a que este llegue a leer entre sus piedras las historias de un pasado. I está abierto a aventuras que vendrán de otros lugares lejanos, abierto a experiencias nuevas y cerrado a los silencios obligados y a las apariencias de los que le observan desde lejos envidiando sus rincones.

Llegué a I gracias a la marea del invierno y sé que en este lugar sin fronteras y sin futuros debo quedarme para siempre. Podría recorrerlo dejándome guiar por sus palabras y cambiar el camino de regreso al día siguiente, con la seguridad de no perderme, con la certeza de encontrarme en cada rama de sus árboles. I te habla desde su cielo estrellado y confía en la sabiduría o en la ignorancia de quien lo visita.

I es la ciudad sencilla y deseada.

martes, 16 de febrero de 2010

25.

desiderata.(Del lat. desiderāta, pl. de desiderātum).

1. f. Conjunto de las cosas que se echan de menos y se desean.
2. f. Relación de objetos que se echan de menos.

Escribieron en pequeños pedazos de papel los temores que querían enterrar en el nuevo año. Bajo una noche de luna llena los lanzaron ardiendo al mar y allí se consumieron las cenizas y los deseos de no volver a echar de menos sus palabras.

lunes, 15 de febrero de 2010

TUS PÁLIDAS

Una de las razones por las que no me gusta caminar es porque prefiero planear. Y cuando planeo lo veo todo más chiquito y menos importante y me da la sensación de que echaré a volar, muy alto, en cualquier momento.

Una de las razones por las que prefiero planear es porque no me gusta pisar las buenas formas con las que pintamos la realidad, ni las buenas intenciones con las que disfrazamos las mentiras. Eso lo dejamos para unos pocos que mejor se está a dos palmos del suelo que arrastrando las penas y, lo que es peor, arrastrando las alegrías.

Y de tanto arrastre y tanto viento que hacía hoy resulta que al leerte he comenzado a volar por todo mi pequeño salón y menos mal que la ventana estaba cerrada porque si no aún estoy danzando por encima de los tejados de Madrid.

Y es que, entre momento y momento, siempre tenemos uno para volar.

¿Sabrás elegirlo? Me lo cuentas.

Ahí va esa canción de quien es, a partir de hoy, también conocido en esta casa:

domingo, 14 de febrero de 2010

RACCORD

Salimos de casa a las diez de la noche y llegamos una hora antes, justo en el momento en el que te despertabas y me preparabas el desayuno. Pero me di cuenta de que en la nevera solo había tres yogures caducados y al sacar uno de ellos sonó el despertador. Llegué hasta la tienda  y compré dos kilos de naranjas. Como ya estaban cerrando no pasé por casa y me fui directamente al bar en el que nos conocimos. Llevabas más de una hora esperándome y tu cara no era precisamente de agrado, no sabías qué hacer ni dónde colocarte para hacer más amena la soledad de aquel vetusto lugar. Así es que decidí retardar la alarma de mi móvil y seguir durmiendo. Me despertaste con un zumo de naranjas recién exprimidas. Y al pedir otra cerveza me miraste desde aquella mesa de madera en la que estabas sentado, con los pies sobre una silla. Miré el reloj, son las nueve de la mañana: hora de levantarse.

jueves, 11 de febrero de 2010

MARGARITA



Sí, está linda la mar y el viento lleva esencia sutil de azahar. Y me transporté a mi infancia y allí estaba, sobre tus rodillas, imaginando a cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar. Y ese microrelato me lo ha recordado. Y es que el Nilo y Nila siempre llevarán magia y luz a las orillas. Y Margarita, Anita o Elenita siempre te querrán, abu. Que para eso están las nietas, para ser poetas con coletas y duendecillos de palabras. Nos guardamos la antología para contarla a los que vendrán.

Y si la princesa está triste,
¿qué tendrá la princesa?, 
que solo con tu sonrisa
se alegra todo el planeta.

Tiene miedo, tiene sueño,
no tiene ganas de nada,
que la princesa del cuento
se fundió ya en tu mirada.